Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2016
Deberíamos ir más allá del lenguaje para recalar en la piel y el afecto. Una poesía bella es como un cielo castrado de interioridades si no asumimos la transgresión hacia el encuentro.  Cualquier poeta es prescindible y ningún poema es verdaderamente una propiedad. Tengo que significar que la impronta personal es importante, y todos hemos aprendido a cabalgar sobre algún animal salvaje y lírico (poeta mediante), impregnándonos de esencias, amancebados como infinitas rameras. Si puedes hacer el amor por qué te vas a complacer únicamente con las letras. Después de enfangarnos el corazón es inconsecuente regresar a una lectura que no se circunscriba a un cuerpo y a la expiación de un deseo.
El futuro del poema es la interacción con la carne y la brea hasta dejar de tergiversarse en un discurso inocuo. Voces rotas, disonancias vacías en un lupanar; pero en nosotros, además, la mercancía del placer se transformará en un placer de mercancías: bajos fondos para amar con artes de mercenarios…
Redundando en el vicio de tus atribuciones, tengo que decir que me "desconsidero poeta". Hoy en día, no ser "maldito" es el verdadero infierno de cualquier versificador. Simplemente observamos la leprosería a través de la pantalla sin ensuciarnos demasiado la prosa,  la próstata y el alma. Un poeta es un fantasma aceptable vestido de supermercado, un ser socializado, sodomizado y domesticado, que se lava los dientes ajeno a la superficialidad del mal.
Un poeta es un zombi llorón con ortigas en el ano. Un ser atribulado y atrofiado que se tambalea como un borracho y es capaz de embriagarse sin probar un trago, parapetado en alguna belleza.  Recolecta sueños perdidos, recopila anécdotas de arena, sonidos y despojos de estrellas. A cualquier patán de los versos le crecen alas y se metamorfosea en mariposa.  Ten presente que todas las cosas escriben en nosotros y sólo un zángano mareado o un borrico pateado pueden recoger la miel de ese enjambre para transformarlo en codicia.  La verdadera poesía se rubrica en los burdeles y en las puertas de los retretes; pero al pato de la muerte, como en Sin Perdón, le escuece un perdigón y tiende a gesticular como una gallina mientras implora la ambición de una cosecha.
Entré en su corazón. Toda su alma era un aposento de hacendado en la que colgaban cuadros grandiosos y se apilaban legajos gastados de poetas muertos. Traté de complacerla. En un ambiente tan hostil para un pordiosero, un hombre sólo puede hacer pelotillas con los mocos y arrancarse los pelos nasales, o intentar distraerse con una profanación canalla y selecta. ¡Oh Betsy, hermosa perra, lame mis genitales con tu lengua! ¡Ama entre maternidades y niños de leche, ya que el único destino es jugar a morir! Descorrí las cortinas de la triste habitación y tiré un souvenir por la ventana. La hermosa dama saltó detrás del señuelo para hacerse papilla, puré de sabueso. Lloré con una sonrisa hipócrita, a punto de regurgitar piedad, cuando sus dulces huesos se estrellaron contra las piedras.

El arte del mercantilismo

"Un pintor es un hombre que pinta lo que vende. Un artista, en cambio, es un hombre que vende lo que pinta."
Picasso


Una concubina es una mujer que se maquilla para venderse. Una prostituta es una mujer que se vende por maquillaje. Un poeta es una ramera a la que le seduce un simple polvo. El autor, en cambio, especula con sus orgasmos por el módico precio de una edición.
¿Y en qué consiste el amor eterno de los blogs secundarios que nos plantean problemas irresolubles?


El mayor problema lo planteó Pitágoras después ya nosotros añadimos escusas para sentirnos momentáneamente bien.
Pero seguimos con el fango hasta el cuello y en este exilio eterno el único peregrinaje es hacia la muerte.


No me veo capaz de contrarrestar la poesía de la muerte, hacia el exilio y el cuello del fango, con un teorema de Pitágoras... ¿No es allí donde una bandada de aves salvajes picotean las nubes en busca de larvas?


Lo absurdo acontece. Para qué aves si podemos arrancarnos los ojos y ofrecérselos a los gusanos.


Pero..., esas almas que reptan deben ganarse el pan como se apropian de los cielos. Hay que emprender y volar, de la misma manera que hay que arrastrarse hacia los ojos para conseguir un fragmento de paisaje.
¿Debemos aspirar a una mierda publicable, o a que la mierda se confunda con lo publicado? Discrepo en el término mierda y en el término poesía... En la poesía siempre hay que utilizar un ambientador, la mierda hay que dejarla reposar con jactancia de aromas.
Un cerdo con alas sólo puede volar hacia un lugar conocido: la pocilga del amor y el establo de la belleza.


Un cerdo con alas será procesado y envasado al vacío tras experimentarlo y asearlo. Y en un futuro dirán que es cancerígeno como el amor.


Toda mujer desea envasar y procesar al cerdo adecuado para experimentar un afecto aseado y pulcro. ¡Cuánta estupidez para servirnos de longanizas y jugar al cáncer del apasionamiento!


Es que la sociedad es estúpida. Tenemos sobredosis de estupidez y nos dejamos manosear, manipular y engañar. Aquí ya no importa el género.


Tampoco la especie... Mas, apelemos al vicio del placer para degustar los jamones.
Hay momentos en los que no encuentro motivos realistas para la tristeza, pero ésta simplemente está pegada a mí como un exoesqueleto del que no consigo desprenderme.

En la azotea



Hay pautas que nos marcan una carencia y ningún libro abierto para leer, ninguna salida de emergencia cerca de nosotros. ¿Cuál es el objeto de una tristeza, de un sentimiento exacerbado? ¿En qué se parapeta la orfandad de una supuesta fortaleza? ¿En la emoción sin consuelo de un alma sin vuelo? A veces necesitamos aguardar que la senda nos conduzca a otra visión, a otra misión, a otra interioridad, y que los días cambien el peso aciago de las horas.
No puede darse la poesía en el árbol desnudo que abraza el aire, en ese árbol que como un clamor de ramas agrieta su confinamiento y la aspereza de las aceras, hambriento, necesitado de cualquier asomo de cálida luz, buscando el amparo del sol en una farola...
Iosune


Hay que detenerse en el árbol para comprender las ramificaciones del autor. La poesía primigenia es tan poderosa como una necesidad acuciante. No nos acercamos únicamente al lector con un poema sino al infinito y al abismo con nuestras circunstancias. Comprendo que las ramas despobladas, el edificio y la austera perspectiva que busca un sol, son propiamente la imagen que proyectamos de nosotros mismos.
La mugre es perfecta para el quorum divino de los invitados. Al coño excelsum de las polillas, la polla infinita del poema.
"No existe a mis ojos, mayor muerte en un poema, que la prolongación de lo predecible. Un rebaño de versos apostados en la cotidianidad de una cañada."
Iosune



Los amantes predecibles son los que acaban prolongándose hasta la monotonía, la putrefacción de los actos y el tedio de las consecuencias. Pero, el amor renovado, que regresa como la voluntad a la sangre, disfruta del tacto y las caricias.

La santidad vive los instantes previos al corazón, bajo la dulce perversidad que encierran los fríos cortinajes de una estancia aparente. La prostitución comprende que todo poema expira en la cama. Ambas son contenedores de esperma agrietados, eso es lo que hace la primavera con sus flores.
Déjame mojar tus ojos con semen de cerilla, poemas como cagaditas de chucho, caprichos de caramelo; nada que tenga que ver con la ingente vastedad de una deposición franco-alemana, tan sólo el azoramiento que busca la náutica del mar sin preservativos.
En este país hay demasiados poetas y muy pocas almas nobles. En otras latitudes abundan menos los poetas pero hay más honestidad.
Amor ecuestre que ramonea y pace el beso en su diatriba. Un rayo entre las nubes frescas avanza y se postra sobre la roca almidonada. Si escribir nos hiciera ricos ya habríamos olvidado todos los tesoros y todas las virtudes de la insolvente belleza. Porque somos pobres podemos permitirnos el lujo de ser paupérrimos sin obviar nunca el regalo de los Dioses, la pluma de ánsar en el seno de la nobleza. En las manos del telar se apacientan los dedos: sólo pueden ser rudimentarios aquellos que han nacido para poseer y magníficos los que nacen para ser poseídos.
Ya que no servimos para otra materia, los que apenas nos alzamos sobre el materialismo, escribir versos que hagan una buena hoguera en la ausencia de los nombres. Una poesía ruda con pico de avutarda y genitales de porquero, licor seminal, sangre espesa y un rosado prepucio cosido al uniforme del amor.
La debilidad apostrofa, escoge a sus escuchimizados cachorros para otorgarles la obediencia, la poesía del transidium y el dolor. Abogo por una lírica mundana, no como un atrio sin alma, caduca y desvencijada, que babee igual que un aterciopelado caracol sobre la piel lechosa. Mejor rubricar en una mujer con el gozo que como pintor en el lienzo, y en el momento del orgasmo -olas en litigio con la arena avezada- insultar la viva impertinencia.
En el mirador de los ánades,  insuficiencia de estrellas y una mirada que no pervierte un grano de sémola, defeca el cochero su poema romántico. Ese don nadie de azucarillo y aguardiente quiere convencernos de la trascendencia de su obra, pero sólo deseamos volver la vista para contemplar un culo hermoso de yeguada. Su creación se acongoja y huele peor que un cuesco de palafrenero; mas, es un prodigio que la mujer del caballero haya aprendido a relinchar y a bailar con el olfato como una potranca.
A estribor de los cementerios, triste poeta degollado, harías bien en profanar los labios de una deidad salvaje, alguna vez bella y terrible, con la dicha de los mulos y el espanto del azote. Para ese poema vale bien un mulero y ninguna bestia se quejaría del maltrato. Bebe el vino precoz, eyaculación de hembra, con tus ojos de picapleitos.
¿Quién no entiende a un poeta retando al destino? ¿Quién soporta la nada inútil del deseo final? No hay universo. Solo barrizal de endorfinas ...y un gato mudo -sueña Celan- desgarrando el amanecer.
calmA


¡Me asomo a la tierra y me asombro de su belleza! No podemos nombrar lo que no existe pero si pretender lo posible de un nombre. Fe en el cosmos y en la constatación de lo creado. Y si además pensamos en la perfección de sus matices, necesariamente, tendremos que creer en las endorfinas del alma.
Dejaremos que se nos escape el gemido para que nos descubran los atardeceres, porque el beso nunca es ciego ni el amor sordo. Al final, al límite de lo exhausto, los despojados son los que mejor saben obsequiarse...
Jugaría contigo a la belleza, sin otro atisbo de necesidad, porque el cielo es consentir una ola y asaltar su espuma hasta obviar el desistimiento.
¡Oh, hijo pródigo! Contigo ha llegado el olor a miseria a este hogar. Acuérdate de hacer de vientre sobre las deposiciones de tus progenitores, tirar de la cisterna y perfumar el ambiente, para pasar desapercibido en la morada del amor familiar.
Todo lo que el poeta puede aportar le pertenece a otra voluntad. ¿Puede la veracidad científica recaer en falsos personalismos, cuando las formas de la inteligencia han sido trazadas de antemano? De la misma manera, el origen escribe en nosotros.
Para cualquier empleo de mierda te piden experiencia laboral previa. Es como si para cagar te exigieran saber limpiarte el culo. Pues..., no la tengo, pero no me importaría adquirirla al módico precio de un salario para comprar papel de retrete. Por favor, presente el currículum con un máster, cum laude, matrícula de honor, y acompañe la carta de presentación con una hez hermosa, apretada, perfumada y distinguida, aunque lo que mejor funciona es un dedo entre las nalgas o un enchufe de cefalópodo.
Una mujer leñador, tractor, velociraptor, ibopruceno, que me parta la leña y me dé con un leño, que me haga astillas con los ojos, que me folle como un alabardero y me despoje a degüello. Que huela a carretilla y sudor, fragancia de aserradero, áspera como un juanete y dura como un sabañón. Un cielo así para sentirme volar como una mujerzuela psicotrópica, y un tarugo hendido al que limpiarse el jubón. Una mujer barbuda, barracuda, barriguda, grumete, que me engolde en la cara y se beba a litros mi crema bronceadora. Soy un macho con estrellas en el pubis y mi amor es un tosco aldeano desdentado. Con las manos de capar se limpia al delantal de la cocina y mi corazón está perdido por su romanticismo de manteles.
Bueno..., ahora a pasar el resto de la noche viendo sexo de bonobos (haz el amor y no la guerra), el único vicio, la única recompensa, de un mono solitario.
Puedo hurtarte el corazón con un poema. Puedo ser tan meticuloso como un carnicero o un cirujano, para apartar las costillas y llegar a la entraña. Si una mujer pone los límites, un hombre debe asumir lo ilimitado. Puedo ser tan pertinaz como una roca o el cuchillo del matarife apuntillando a una bestia: el amor es esa absoluta piedad que aguarda la salvación sin salvación. Llora con la desconsolación en los ojos y un mar de fárfara. Separaré todas tus capas hasta dar con la razón de ser, de la misma manera que se abre una ostra para hallar la perla amada. Reconozco que es la pasión y la carne lo que me motiva, más que esa belleza irritante que se convierte en joya. Yo no soy nada ni nadie, pero puedo aparecer en tu diario. Lo que escribas en él te pertenecerá para siempre y sólo podrás vivirlo. Así que escribe bien, escribe bonito, y no firmes aún las exequias.
y bajo la atenta mirada de la osa mayor, su puta madre lo arrojó a un contenedor verde manzana dentro de una bolsa de basura. Ni siquiera le hizo un lacito.
Billy

Nunca comprenderemos la delicadeza de esas madres que arrojan sus desechos a la basura sin el alma de empaquetar un regalo (y es mejor no entenderlo).
Mamá se redimió en una biga, con la lengua azul de las traiciones, igual que un Judas Tadeo (adoro ese pasaje de las monedas, la dulzura de los ahorcados remordimientos y la desesperanza de los perros). Ella no pudo hacer nada más. El amor de las máquinas se lo tragará todo un día.
Podrías haber salvado a esa criatura de una muerte segura para postergarla a un futuro incierto, pero es mejor olvidar lo que nadie reclama.
Tengo que abandonar a mis perras, supongo que nadie se merece un final así; pero, alguna vez tendré que regresar y se mearán de felicidad por todos los regresos: ese es el verdadero poema.
Mi amor se levanta de la cama y me huele los sucios calzoncillos, husmea como un rastreador en busca del olor a otra hembra y mete su delicado hocico entre mis piernas para lamer la última mancha de esperma. Es voraz con mis amistades y ladra a todo aquello que tiene dos piernas.
¿Qué le dice una dama al poeta? Mi amor pedante y presuntuoso: aguardaría una eternidad porque amaras y te despreciaran, para que en algún momento me vieras como un canapé, rollizo y amable, en el que encontrarías un asqueroso pelo desagradable. Pero no soy eterna, y una exquisitez tiene la necesidad de ser amada.
Para mí, un poema no es un enjuague bucal o un desguace sentimental. Un poema es una necesidad de destino, y un destino no se circunscribe a un papel.
-¿Cuál es el mejor poema para hacer el amor?
-La sinceridad.

-¿Y el peor?
-Demasiada sinceridad.

-¿Por qué un poema necesita hacer el amor?
-Lo desconozco. Tal vez para sentirse apreciado o defraudado.

-¿Aguantará el verso una noche de pasión con su nidada?
-Si... Si hay calor, plumas y pitanza.

-¿Por qué decir no a la poesía del sí?
-Porque una afirmación tiene consecuencias impredecibles.

-¿Y una negación?
-Nunca se niega algo, simplemente se le pone límite a la pregunta.

-Mas... ¿Somos ilimitados?
-Pero lentos en las confirmaciones.

-¿Debemos dar la batalla por perdida de antemano?
-Debemos darnos por muertos y renunciar a cualquier victoria.

-¿Qué necesidad de victorias y de significantes?
-Eso mismo... Cuando vencerse y derrotarse es entregarse al placer.

-¿Si nos gobierna el gozo y un desaprensivo poeta de la lujuria, seremos débiles en consecuencia?
-Para no debilitarnos debemos delinquir esa misma lujuria y dejar al poeta sin argumentos.

-¿Y si la lujuria usa unos calcetines g…
-Tengo que dejar de escribir para cagar y poder pensar en tu sonrisa, tan diáfana como el placer de hacer de vientre.

-¿Los cielos cagan?

-Como el graznido de un cuervo y una nevada descompuesta con la que no querrás hacer un muñeco de nieve.

-¿Debo apartar la nariz de ese cáliz?

-Sí, si eres sinestésica y no te gusta Siniestro Total.

-Me estás enfadando con esa voluntad de mancillarlo todo y regarlo de orines.

-¿Tal vez el mundo sea una cagada?

-Si es así tiraré de la cisterna para no oír su lamento y perfumaré el retrete con lavanda.

-Y, ¿cómo pensarás en mí, si el amor no deja una fragancia de amoniaco, un ruido que obviar y un malentendido cósmico?

-No pensaré en ti. Todo lo que amo tiene que ver con la colonia y los ambientadores.

-¡Qué pronto pasamos de defecar a pulverizar!

-Me estoy quedando sin cobertura...

-¿Sin costuras?... Una mujer organizada necesita un desorden de cantina y una tristeza bipolar.

-¿Hablas del enamoramiento?

-Hablo de los retortijones...

-Sigues siendo un cielo, …
-No voy a permanecer como un cielo impasible por mucho tiempo.

-Y, ¿qué vas a hacer?

-Nublarme o descender a tu rostro.

-¡Pasemos la aspiradora sobre este pasaje!

-¡Ohm! Una forma sutil para insinuar que no te convencen mis soles.

-Sólo el temor a los exabruptos de un firmamento.

-Un firmamento cualquiera pone sus ojos en una mujer y la desnuda por dentro.

-No llevo bragas...

-Por eso todas las charcas me invitan a mirarte... Vamos a nuestro asunto.

-¿Qué susto y qué asunto?

-Nuestra cita y la forma de pasar las páginas con decoro.

-Yo no soy un libro abierto para que me puedas ojear y manosear.

-¿Y para amarte como un poeta consumido por el ansia?

-Complácete con la mano y piensa en mis sandalias.

-¡El sándalo de tus besos! Pero..., un cielo necesita alas de recompensa y nubes de aceptación.

-Yo no soy tu recompensa, y ya tengo un cielo aceptable...

-¿Ese cielo te ama?

-Duermo con él todas las noches.

-Y, ¿no has deseado alguna vez contemplar otras estrellas?

-Creo que tus estrellas se ocultan…
Me desperté con la inspiración de un juguete sexual, pero sin nadie para jugar al placer. Es terrible ser un consolador y aguantarse las ganas cuando se tiene el deseo, el don de penetrar mundos, y la necesidad de saciarlos a todos.
Si apartaras tus tetas de mi blog me convertiría en un payaso con el alma triste, como un niño al que le arrebatan el chupete. Pon tus pezones en mi caja de música, sus huellas dactilares en la imprimación de mis labios. Destíñelos de rojo y azul, de un destino violáceo y púrpura. Igual que un DNI electrónico en un lector digital, leeré las suaves grietas que bifurcan tu turgencia, sin la necesidad de un nombre absurdo para absurdos procedimientos.
(Recogido de un poema chino que no necesita traducción simultanea)

Chocha, chochéame el chuchi. ¡Chachi, chochi, chochichiiii, chaaaaaa! 
Che, chuchame el chocho, che mi chacho chenche. Chu chochete chuchón me chucha.
¡Chon, chon, chon; chun, chun, chaaaannnn! ¡Che chechachooo...!
¡Chocha, chochéame el chuchi chochichi!


(Disculpen las dificultades, he tenido que corregir alguna palabra malsonante)

¿Así que piensas que al hacerlo estás en una pradera? Pues yo pazo, troto, defeco sobre la hierba y rumio toda su ternura sin que ninguna flor se sienta injuriada.
Salí con una mujer; pero era, más bien, una Diosa. Creo que trabajaba de limpiadora porque tenía el cabello como una fregona. Me dejaba limpio como una patena, como un poema, con su pronto jabonoso, su aliento de limpia cristales y su absoluta meticulosidad con los bastoncillos de las orejas. Durante algún tiempo comprendí que la divinidad fregaba suelos, y, por la noche, nos refregábamos en la cama con unas nanas. ¡Oh! Puedo decirlo sin aspavientos, puedo declamar al mundo entero: ¡he sido feliz con la escoba, el recogedor y el plumero!
No te voy a hurtar nada y tú no me vas a hurtar nada; y, aún así, por qué nos consideramos ladrones. Si quedamos para conversar no importan las habladurías. Si quedamos para amar no importa la palabrería. Tiene que ser tan sencillo como ojear el periódico y no enterarse de nada. Leer el horóscopo y reconocernos en las estrellas. No dar con la respuesta apropiada en ningún crucigrama, y estar nerviosos por la belleza que nos aguarda.