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No puede darse la poesía en el árbol desnudo que abraza el aire, en ese árbol que como un clamor de ramas agrieta su confinamiento y la aspereza de las aceras, hambriento, necesitado de cualquier asomo de cálida luz, buscando el amparo del sol en una farola...

Iosune



Hay que detenerse en el árbol para comprender las ramificaciones del autor. La poesía primigenia es tan poderosa como una necesidad acuciante. No nos acercamos únicamente al lector con un poema sino al infinito y al abismo con nuestras circunstancias. Comprendo que las ramas despobladas, el edificio y la austera perspectiva que busca un sol, son propiamente la imagen que proyectamos de nosotros mismos.

Comentarios

  1. Supongo que el lector de paisajes es un viajero ávido de conquista de los espacios. El entorno no deja de ser una evocación de trayectos en curso, finalizados o proyectados, y la poesía, eso que supura la mirada pulida por los trascursos. El cascabel en las manos del niño, la escusa, el arma.

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    1. O, tal vez, un aburrido abecedario para usurpar las consecuencias (la poesía detrás de la palabra). ¿Un amanecer o la mirada pulida de un despertar? Mientras el sonajero provoque una sonrisa infantil podemos darnos por satisfechos con el arma de la escusa y toda la vanidad rudimentaria del poema...

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    2. ¿Qué más decir? Lo has condensado todo en una mirada.

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    3. Por decir, todo lo que quepa elucubrar, supongo

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    4. Elucubraciones de un fauno... No sé con que ser mitológico comparar las de una mujer.

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  2. El poema solo es un engaño. El árbol es de verdad. El árbol es de mentira.
    Lo difícil es ir quitando lentamente la corteza y no herir al árbol

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    1. Si todas las cosas están interconectadas, interrelacionadas, la herida del árbol también nos pertenece. La mentira y la verdad de nuestros pensamientos, de nuestras emociones y acciones, blanden la corteza del bosque.

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