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Entré en su corazón. Toda su alma era un aposento de hacendado en la que colgaban cuadros grandiosos y se apilaban legajos gastados de poetas muertos. Traté de complacerla. En un ambiente tan hostil para un pordiosero, un hombre sólo puede hacer pelotillas con los mocos y arrancarse los pelos nasales, o intentar distraerse con una profanación canalla y selecta.
¡Oh Betsy, hermosa perra, lame mis genitales con tu lengua! ¡Ama entre maternidades y niños de leche, ya que el único destino es jugar a morir!
Descorrí las cortinas de la triste habitación y tiré un souvenir por la ventana. La hermosa dama saltó detrás del señuelo para hacerse papilla, puré de sabueso. Lloré con una sonrisa hipócrita, a punto de regurgitar piedad, cuando sus dulces huesos se estrellaron contra las piedras.

2 comentarios:

  1. No sé si me ha parecido desagradable o verdaderamente buena, quizás ambas.

    Un saludo! Me quedo leyéndote por aquí, con tu permiso claro!

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    1. Todos mis pensamientos eran agradables el día que hilé la madeja de estos sucesos!!!

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