Celebremos el sonido de los cardos, el runrún de los grillos carniceros, mientras las crisálidas se bajan las medias, lésbicas como el poema del heno. 
Si lees mis versos, mi trasero, sobre un taburete, sonreirá como la Gioconda (autocomplaciente). 
Anduve por la hendidura, caí en el hueco de la libélula y me enamore de una tormenta. 
Eres una Reina que escribe zánganos. Eres un renacuajo en el tedio de las charcas. No me prologues aunque desees prolongarme.
Sobre la hierba, una corona de pétalos Rosa de Siria, asemejan las plumas de una paloma devorada por los perros.
Vamos a tener que empezar a estudiar los "poemas réplica". No estaría mal escribir un libro de versionados, extorsionados, erosionados... Pero quién sería el autor de tales despropósitos, y qué pasaría si la interpretación desbancara al original. ¿Acertaría la poesía? ¿Ganaría algún ego? ¿Qué, si el verso no es monoparental ni monógamo? ¿Qué, si le agrada más que el onanismo, el concubinato, la bacanal y el desenfreno? Seguramente saldría del armario del connubio con su transformismo, travestismo y transexualidad.
El océano acabará llegando a la pecera, a la jaula de oro de todas las aves, y allí la soledad será como nadar o tocar el cielo con los dedos.
Es hora de apilar recuerdos, de abrasarse en la arena, de leer entre lineas yuxtaposiciones de sol. ¿Por qué conformarnos con el encierro cuando arrasa el piélago? El corazón, aletea, aletea como un pollo que acabará sin cabeza en tu horno. Recoge el semen de todos los ahogados y dibuja una estrella de mar. ¿Cómo que nunca nos ha tocado nada? Nos ha tocado vivir.
Oh, nuevo día, muy pocos te saludan y apenas te aman, pero estás aquí para nosotros.
El mejor de los países encarcela a sus políticos, sean independentistas o no.

Etiquetas