El hedonismo que no se contiene en el lenguaje es inconsistente. Si se está algo apático es razonable restablecerse con la obscenidad de las palabras; pero, de lo contrario, nunca se debe recurrir a los sabuesos ni a los placebos. En el amor es mejor pensar en los infiernos que en los cielos, también es preferible detenerse en los demonios antes que ladrar.
Mientras lees las notas de un libro abierto, otros labios enmudecen con el beso del mal. Tribunales y tribulaciones no son nada, al lado de unas cachas bañadas por el sol. Puedo asegurar que todos los ciclos selectivos son panoplias y pamplinas comparados con unos ojos bellos. El mundo de los decesos nos espera detrás del engaño colectivo. No me hables del rigor de los expedientes, háblame mejor del rubor de las estrellas, de nadar y sumergirse en el ocaso, de regresar desnudos donde no guardamos la ropa. Aborrezco toda la psicología positiva. Es hora de naufragar en lo profundo de un sentimiento y su némesis. Si con el pensamiento mueves un átomo eso no significa que debas esforzarte en mover muchos más.
Para ser nunca tú, es obvio que mi yo me conduce a una encerrona.
El cuerpo es basura reciclable, el alma es la auténtica polución.
El mal que no es mal, dura un instante que no es un instante.
Estoy buscando una trasquiladora de ovejas para una primera cita, o una obstetra de ganado vacuno. Los motivos son evidentes.
No importa que el dildo sea un diamante, un agujero siempre es interesante.