Un influencer es alguien que te llena la boca de semen mientras te da por el saco. Con una Inteligencia Artificial nunca sabrás que has sido sodomizado y que Gomorra gobierna tus días. Para todos esos orejas de soplillo que se comen los mocos con un coach, sabed que sois la mejor aversión de vosotros mismos, el más grandioso y purulento acné del apocalipsis.
Para vender comida basura es necesario estar licenciados. Para estafar con ideas basta con ser licenciosos.
Refresca tu vejiga con la mejor cerveza del mercado. Regocija tu alma con la mejor hembra del bazar.
En cualquier momento te tirarán a la peana y otra vez a rasgarse la pana.
No estar es estar en ti. Estar en ti es haber abandonado todos los lugares.
No acaece como amor ni como voluntad ni como sangre, no sé cómo llamarle a esa ola de deseo y conformismo, a esa condescendencia sin correspondencia. Pienso, como Andy Warhol, que los coños deberían ser legales, porque aunque no los pruebes no te desagrada su olor.
Donde follar se transforma en joder (joder no es más que un gesto de agravio), amar se convierte en suntuosidad y hasta puede contener algo de refinamiento y pecaminosa santería terrena. 
El boato es mermelada en la tostada o mantequilla en el recto. El sexo embrutecido, pobre, simple y aparente, es lo mismo que intentar comer pan duro sin saliva.
Es una buena noticia que haya salido de la cárcel. Por fin los niños discapacitados del Hogar Don Orione van a hacer voluntariado y dedicarse al cuidado de un presidiario.

He probado algunas vaginas, pero no me ha gustado, no me he tragado el humo y jamás volveré a fumar.
Tiene unos pechos enhiestos y un trasero descomunal como un orbe (nunca hallaré el perfecto escabel para su selecta nalgada).

Me arde el pináculo entero, de Nôtre Dame, en una escaramuza de incendios voraces (todavía no ha muerto el gallo que coronaba su aguja).

No hay mayor consolación que una ribera de alisos flanqueándote y unos dedos secuaces platicando la usura, Montparnasse en el sacro y un poeta en el íleon: enterremos allí todas nuestras frustraciones hasta estrangular las entrañas.

El índigo Sena es la humedad de su pubis y como un giboso trepo por sus cariátides, centellas y soles ascendiendo desde el averno, torcaces esculpidas en los sillares.

Ni Víctor Hugo hubiese imaginado tanta solemnidad ni mayor magnificencia que el de un corazón atrapado en el rubor esmeralda.