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Mostrando entradas de septiembre, 2015
Me has dejado tirado, pisoteado como una mierda en un zapato de tacón, como un tipo vulgar violado con una escobilla de retrete, haciendo de garaje, parterre de mancebos y proxenetas. Musa de ojos castaños, niña alopécica de los sótanos, te debo la concupiscencia de los vientres y la diarrea de las palomas sobre mi calvicie. Y ahora, pensando en ti, quiero rememorar aquella lectura tolkieniana: "nueve mujerzuelas para los reyes de los hombres, siete entregadas a los enanos y tres a los elfos, y una única mujer para pendejear y hacerse con la voluntad de todos los pendejos".
Si penetras en el corazón de la virtud, ésta siempre te pedirá que permanezcas. No hay otra posibilidad, ni medias tintas, ni metáforas entre las sábanas, ni mundos disolutos en coordenadas de dispersión.  El amor, cuando nos toca, se hace con nuestra voluntad y nuestra ansia. La tiranía del alma no deja rienda suelta a la expresión de un vicio que no sea el deseo, la avaricia de la carne, la posesión y la entrega.  Quería una criatura transparente para sobornarla con el licor de las calles y la codicia de las alcobas; pero, ¿acaso el ser amado pregunta por razones y se ausenta para prodigar otros territorios? Siempre he estado ciego cuando se trata de amar, convertido en un sucio mastuerzo que baila con la niña vudú de labios ensangrentados y mirada perdida.  El verdadero amor es como una intoxicación venenosa, un grito de locura que cohabita con la soledad de las paredes. Quizás tengamos que ignorar la dulzura come-moscas, los lazos imposibles, y prefiramos contemplar a través de …
Mantener relaciones de una noche es abandonar la belleza al amanecer. Me sabe a cielo tenerte y, cada vez que te poseo, se acrecienta la lujuria y se intensifica el infierno. ¿Por qué abandonar un horizonte cuando se conoce y se ama? ¿Por qué no detenernos cada día a sentir el mismo orgasmo, complacidos por la extrema calidez? Parafraseando a Biedma, para amar un solo cuerpo son necesarias mil noches... Yo te necesito en mi tierra y en mi estiércol -soy un escarabajo imposible y gregario-, quiero adentrarme en ti y relegar el poema a la nada.
-No sé con qué animal me acuesto, parece gemir como una mujer pero está lleno de contradicciones y dudas; tal vez exista más de un alma en su volubilidad, necesaria para delinquir un paraíso y un sueño.

-Llévame a ese baile, siempre a esa verbena, con el lenguaje de los perdidos  y una mala cerveza. Sólo existe la perspectiva de un mar y un paisaje, así que retira esas toallas sucias en las que me desangro, manchadas con tu esperma y tu codicia, y dile a tu madre, a tu esposa y a tu suegra, que yací contigo mientras había una historia que contar.
No tardarás en irte con el primer andrajoso que te ofrezca un trago porque tal vez pienses que hay un baile detrás del brillo de una copa y un poema al que servir. Se estremece el alma con la impostura erótica de un Diógenes triste, languidecido en su hez, pero por allí llega la salvadora de los perros vociferando su trashumancia y su licor de absenta. Está atada a un collar y a una correa de bastardos que orinan hasch en el letrero de "Mira bien lo que soy". ¿Volverás a mi para malversar la ebriedad de las noches? ¿Regresarás como un animal domesticado para el amor? ¿Acaso no sé callar y otorgar cuando apesto a muerte?
¿Qué clase de literatura se convierte en agravio? ¿Qué casuística recobrar de la ausencia? ¿Qué víscera rescatar de los nombres?
Si utilizamos la poesía para mentir, no habrá metáfora para trascender con el verbo al reclinar del suicidio y los pasos. Si el amor no es la usura que nos debemos, si la piel no es el naufragio aceptable, qué voluble contradicción transitará nuestra ansia. Si no hay un cuerpo al que asirse, qué amplitud de  cielo y deriva. Si el miserable no ama su miseria un terrible destino le acecha en la inmundicia, pero si el miserable ama su indigencia apartará a todos de su corazón.
Es mejor no poseer nada que arrastrarnos como moribundos por un hilo de existencia, a veces la verdadera esperanza está en la muerte y en la aceptación de lo irresoluble.
Profundiza en mi alma, corazón, profundiza en un cielo a todas luces maldito. Mi execrable voluntad fue buscando la entrega y algo que ardiera como la belleza en el ala del abejaruco. ¿Qué sustancia es el afecto comparado con una croqueta canina? ¿En qué pueden parecerse?:

Pienso en el amor, pienso para perros.
Las hojas están acariciando su inminente destino.
Sandra Garrido

¿Es el declive lo que acarician las hojas, lo que no se debe cerrar a golpe de pestillo? ¿Es una finalidad lo que atrapa la consistencia de un eco? ¿Es una claudicación ese vencimiento de la materia sobre la materia, o el mismo peso es la continuidad inevitable del crujido?

Alas de Hecatombe

Quedé pillado como una puta de alcantarilla, prendado por el aroma. Eres el poema que regresa del amor y el amor inconmensurable del poema. Eres la burla que ha puesto el destino ante mis pasos, la superación lírica, la superstición de lo sensible en la afabilidad de los nombres. Un simple mortal no puede hacer nada contra la magnitud de los astros, y un cielo anodino y magnífico debe ser desposado por otra vehemencia. La brisa marina es tomada por el ave para alzar el vuelo. ¡Vuela entonces, corazón infranqueable! Sobrevuela la mundanalidad de los escombros hacia la ruina de un paraíso. Yo te amaré, desacostumbrado amor, hasta la noche de los incendios.
Te amo, beso exquisito, y qué vanidad en tus labios no hace lluvia. Te amo, porción olisqueada de un seno materno, detrito caprino y abono elemental para mi desnaturalizado alfabeto. Te amo como a una impresora 3d en la que recrearé tu coño y me ordeñaré a tu imagen y semejanza. Quiero toda la gendarmería de tus versos, embrutecidos franceses bailando el cancán (por favor, no cierres los ojos cuando te enseñen su carencia de pudor y su falta de escrúpulo). ¿Qué espectáculo carece de belleza cuando la luz prostituida hiede a alabardero? Bésame el cielo de la marroquinería, no hay destino más hermoso que ser una bellota, enterrada por roedores y meada por un cuartillo de inocencia!
Salí con mi perra a oler traseros y a seguir un rastro, todo es libertad y albedrío cuando nos detenemos en los cuerpos y en los excrementos, cuando nos acercamos a sentir el almizcle de la ebriedad como un perfume (hasta las arañas que tejen sus trampas nos observan con ojos desproporcionados).  ¿Qué decir de la magnífica virtud de mi hembra con su soliloquio, como un claro de luna? ¿Qué aguardar si la lengua no propasa cada centímetro de aceptación hacia los licores de sus tibios resuellos? Si quieres exaltación lo haremos como piratas en un burdel o con bellaquería sobre la cangreja. Ahora que nos bendicen corsarias galernas por qué dejar a los Ángeles sin una canción de Nickelback. Ahora que nuestro botín es la entropía de las auroras, por qué sublimar la bestia al gemido. Mi corazón desciende sobre tu alelado pezón, añil como un día de hambruna en la siesta de los labios. Para que el mástil pueda arbolar su enseña, el pabellón español debe temblar en alta mar.

el llanto de las flores

Vamos al encuentro de un cielo aunque no nos pertenezca su gloria, pero para qué manchar el cielo de la probabilidad con borrones de humedad, para qué horadar en la mente como gusanos si las manos sin brújula son el dispensario del alma. Ahora que podemos reír, ¿debemos llorar la distinción? ¿Qué voluntad no ingiere su tedio o su credo por una certeza de lluvia, o es que el bosque debe cubrirse de llamas para añorar lo sagrado?
Hasta que el odio se desplome penetrado por el amor y las hojas caigan sobre el querubín de otoño, formidable en el lecho raído de las horas. Un temperamento de Ángel, voluble bajo el cielo protector, demoledor en las esquinas de la muerte, nos observará sin rostro y nos dirá que el Dios nos ama sin condicionantes, hasta que el odio se desplome penetrado por el amor. El Hacedor ha puesto sus estrellas para guiarnos, como cabellos de brugmansia triste. Abrazados a los zarcillos de la vid rocosa, los cuerpos son aceptación, usura apacentando el raso, niebla salobre en ausencia de dolor. La morada del ojo es su prisión, hasta que el odio se desplome penetrado por el amor.
Imagínate que yo soy ese loco con una empanada en la mano -el loco no sabe comer sin tenedores, sin aristocracia y sin placenta-, e imagina que tu manicomio nos sirve de servilletero; después de todo, el refinamiento nos limpia la gula de los labios y nos besa la legaña del ojo izquierdo. El amor de ese ser superior, abrupto sobre un castillo de convencionalismos, es el eructo y la onomatopeya sobre tu rostro. Imagínalo con aires burgueses y nobiliarios asomándose al balcón de tus senos para acariciar la orla de tus pezones con rape en la narigada.
Amor, maldice esa presunción de hombre que quiere apoderarse de tus gemidos, con voz de regaliz y un chupete en el ano. Ámalo como la anarquía a su inquisidor, pues el inquisidor nunca dejará de torturarlo y el mayor tormento es el aprecio.
Le dije a mi amada que me mintiera cuando hacíamos el amor, hasta que se convirtió en una mentirosa compulsiva del sexo. Ahora se dedica a azuzar a los perros por las calles, a jalear a los gallos de corral y a instigar a los patos (por eso su enfermedad tiene nombre de patología).
Tienes muslos de Adonis y corazón de piedra. Por no saber amar eres un ebrio poeta, un cielo a todas luces bello, atrapado en polvo de centellas.  Recoges la voluntad como un tesoro mientras el amor juega a envilecer. Igual que las ondas en el agua, toda generación produce un rumor y una constancia. La niña dulce es guiada por el dulce muchacho que se apoya como un cordero a la sangre de las jambas. ¡Dame el alma infantil que alimenta al hombre y hazme niño en la depravación de tus ciudades! Observa la abundancia de una mujer y cómo otra se jacta de sus proporciones, pues es tiempo de ridiculizar y de orinar nuestras pasiones.
Me ataré a tu grupa, a tu tímido reflejo de animal, y tu tibio excremento será catado por mi hocico. Podré mancharme con el condescendiente aroma de tus ubres y tu rabo me abofeteará todas las moscas. Pero, desairada, con menosprecio de yeguada, relincharás mi nombre en los establos y orinarás tu contrición sobre mi cara -heno de rabia-, una ofensa que mi alma de cobertizo sabrá recompensar y querrá amar, rumiando la promesa de cabalgar juntos.
Yérguete al sol y muere bajo su influjo, bufando como un toro herido por la espada. Mis alas se recrean en la dulce penitencia de un cuerpo tendido con el torso húmedo. Recuerda la ceremonia de los astros, las premoniciones que a tus ojos se asomaban, la morena alegría del pan caliente. Acostúmbrate a posar sin donaire, vestida con un sueño azul y hermosa como una lavandera arrodillada...
El río lleva nuestro amor a su orilla sedienta y los servales muestran sus bayas bermejas como preciosas guirnaldas de sangre. El cielo cae, toisón de oro, sobre un labio romo -renacuajo infantil e incrédulo-, deja que mi beso acierte a comerse el batracio. Bajo las hojas del sicomoro te observo; mientras, absorta en tu lectura te recoges y vuelas hacia el calor del sol.  Ya no perteneces a mis ojos, eres de mi alma, y ni siquiera en mi alma permanecerás inmutable.
Se pueden reescribir historias incluso sobre unas nalgas, te sorprenderías porque el resultado también llega al alma y nunca deja de fascinarnos.
Arrancaría las alas de ese ser intrascendente pero su cuerpo lo dejaría encendido para las luciérnagas... Si la mariposa es la mentira y la perfección, el gusano debe ser la medida y la certeza..
Estuve liando a la chica rota. Sólo quería preservar el crujido de sus huesos, una encrucijada tortuosa en el compendio del amor.
¿Cómo describir las llamas cuando se arde en sus hogueras? Agua, fuego y tierra; ¡amor alevoso como el aire! No hay mucho que decir cuando te acercas a lo formidable.  Cuando hacemos el amor nunca pensamos en cierta belleza, cuando comemos nunca reparamos en la orla del plato sino en la exquisitez de las viandas; y, ya pletóricos de lo sórdido y lo bello, acometemos la más baja poesía de las pasiones.
Desangrada arbitrariedad que no mancha las gasas, cómo en el cuento de las migajas delante van las trampas.
Regresar para abrazar un vacío, llenarlo de solitarias notas que pronuncien nuestros nombres y mariposas que vendan caro su pundonor.
En el nido comeremos gusanos o se comerán los amantes, mutuamente, los ojos. Llegará el tiempo en que sin brazos y sin piernas nuestros muñones se paren a meditar...
En el amor, al contrario que en la naturaleza, la certeza es la involución. Pasas de convertirte en follatodo a follamigo, follanada y follamierda, hasta que te sientes un Australopiteco del sexo.
Yo, más que tú, fui el osado amante de los cuerpos. ¿De qué sirve la literatura si no propasamos el burdel de los ojos? ¿Para qué morir en una aceptación y esclavitud de letras?
Yo, más que tú, quise dormir en tus callejas, al lado de los despojos, amparado en tu débil voluntad.
Yo, más que tú, desee profundizar en nuestro encuentro para gozar el verdadero poema.
Yo hice el amor con mil mujeres antes de conocer a la mujer con la que no haría nada.  Un beso humilló sus labios de contrición y su boca se desgajó como una naranja fresca, me salpicó con su saliva igual que un molinillo de agua y le insinué: no penetres aún mi falo con la lascivia de tu lengua. Yo hice el amor con mil mujeres antes de conocer a la mujer con la que no haría nada.  Ni siquiera rocé el halo de sus pezones y la turgencia viva de sus pechos me amonestó con descaro. Quiso crucificarme a sus senos, pero el crucificado trató de reprender la voluntad de las mamas, y le dijo: aguarda, es tiempo de vinagres y Longinus. Yo hice el amor con mil mujeres antes de conocer a la mujer con la que no haría nada.  La humedad de su conejo le manchó las bragas como a una ramera patizamba. Antes de llegar al ojo de la tormenta -su útero era una carabina italiana que oraba en latín todas las misas-, el prieto ano se arreboló de caramelo para el dispensario de mi dicha. Ya era mía sin propasar…
Otra vez navegaré por la espalda de tu pudor, desarbolados los aparejos en el naciente, clandestinos y espoleados por una conciencia inútil, hasta oírte decir: hazme el amor con el capricho nunca antes sitiado por otra maldad, que yo acogeré tu voluntad impía y la haré dichosa de mis maleficios.
Todo lo que ama nos devuelve un rostro desposado con la eternidad.  Desposeídos de corazón, nos arrastramos por el fango y los hedores de alma. Tenemos que albergar otros mundos para hacernos con la furia del ciclón y dejar de malversar los silencios.  ¿Cómo objetar un tiempo disperso en la belleza sin penetrar la belleza de la dispersión? Aquello que ama susurra en nosotros, meteoros perdidos retornando a los ojos,  alas rotas para emprender el vuelo. Ojala, en vez de maldecir, pudiéramos dejar algo de inspiración en los cuerpos hacinados... Cuando todo parezca desistir nos crecerán apéndices de ángel y podremos elevarnos hacia alguna belleza.
¡Señor, ayúdame a dirimir el camino! Yo que desconozco la diferencia entre una mujer y una perra y apenas distingo un animal de una roca. No me dejes caer en la carne de unos labios sin santificar o en los brazos de una criatura onerosa. Líbrame de la paciencia de las lagartijas, la ponzoña de los alacranes y la codicia de mis acreedores, hazme marsupial en la bolsa de los lactantes y mamífero en todas tus oraciones.
Se supone que escribimos para ser amados, por un alter ego, por un demiurgo, por un Dios; desnudando la inspiración delante de los ojos que observan la interioridad y la barbarie. Si has llegado a mis dedos por qué he de claudicar en el verso. Si no puedo tenerte por qué he de reconocerte. Tú deberías hacer lo mismo... Si has tocado el cielo es inútil detenerse en los pájaros.
Pesadez de lo innombrable en lo terrible... La única forma de olvidar a una hembra es yacer con otra hembra, caballería prusiana y una Cruz de Hierro en el escroto. ¡Oh, poesía, sedúceme con una caricia de tu indignidad que yo pondré en ti un alma de zapadores!
Como el templado rayo que escruta las nubes y llega a nuestro rostro, o ese resplandor lumínico a través de una obsesión, fui engañado por todas las luces y caí demente de sus ojos igual que una polilla de garaje.
Ya que estoy perdido, ¿por qué flanquear el corazón de los incendios?, ¿por qué no abrasarse hasta la ceniza y el azul cobalto? La mano de mi amada precipita los leños hacia mi martirio y la piel arde donde la poesía es dolor. La sangre se desprende del hueso y el oído ya no atrapa la ruidosa multitud, sólo crepitan y reverberan las llamas. ¡Ingratitud!, mi alma es el infierno y la mortaja, recoge los restos calcinados con tu nombre.
¿Esos poetas se dedican a vivir algo de lo que escriben, o describen únicamente la vida a la que renuncian y el tedio que atesoran? ¿Se puede conocer el amor, sus batallas y su sangre, sin haber amado?
Primero fueron tus almas, siete almas a kilo de placer. Me deleitaste con un kilo y un cuarto de tu amor en la balanza. Después fue el desencuentro, una parte de tu corazón para los ecos del camino y el helio, pero la canción seguía sin pertenecernos. No se puede circunscribir un baile a una ola sin adentrarse en la plenitud de las mareas. No me importó ser carroña dulce en tu despensa, un bestiario del buen amar y el buen sentir; pero hasta los milagros de semen deben ser pesados, calibrados y mensurados, si ansiamos adentrarnos en la profundidad de las entrañas. Al final no se le puede hacer sombra a un poema ni amarrar un mar entre pilotes.
Creo que he amado a una chiquilla de veinte años y si nos acostamos amaneceré maquillado y con extensiones en el cráneo; eso sí, nunca más recordaré mi antiguo olor, ella se encargará de perfumarme diariamente. Creo que sería fácil permanecer a su lado, aunque tendría que arrancarle la inocencia a besos, hasta que sus uñas pintadas se quebrasen y no me pidiera zapatos caros para salir.  Mancillaría su alma joven con indecente satisfacción para llegar a su corazón y perderme en un orgasmo de mariposas atormentadas.  Una muchacha así necesita un hombre adulto, adúltero y asqueado de la vida, ¿cómo si no rezongar en el amor y balancearnos en sus tinieblas? Tiene unos ojos bellos y un cabello desairado: la estética llevada a un extremo nos convierte en una horrenda caricatura de nosotros mismos. Hay algo impúdico y anormal en su sonrisa, algo que sueña las mieles de un hombre y perece en su equilibrio. Adoro que me ame como una fulana del anarquismo. Con el tiempo insistirá en liberarme …
Porque nos dejamos tirados en el verso y no navegamos hacia ningún lugar. Porque la criatura llora de inanición. Porque el destino de los hombres es perecer de insatisfacción... Al final el alma se desdibuja como un garabato de tinta en los signos del zodíaco. Hemos perdido el tiempo si el pulmón que respira no es abrazado por la asfixia y el mar no nos devuelve a los ahogados. Corazón encorvado y giboso, porque nos dejamos a tiempo sin dejarnos.
Tú, que estás perdido y no paras de sangrar, observa la rosa como tiembla entre los dedos, arrancada de su tallo en la ablación, desprendida de su aroma para siempre. Cómo el solitario astro se yergue imponente, y pleno reverbera una historia escrita con constancia. Dentro del pálido reflejo bruñido, ella diluye un corazón en las infinitas aguas matriciales para que el pie descalzo bese la espuma de una ola bañada por el sol. Ajeno al despertar de la incólume belleza, los mismos dedos que apresan el racimo son incapaces de sostener la leve dicha. Y nadie, y más tarde, nada. Bajo la tersa figura de arena y tesoros agazapados, el pudor de las cajas se abre y la estrella regresa a su orfandad.