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No tardarás en irte con el primer andrajoso que te ofrezca un trago porque tal vez pienses que hay un baile detrás del brillo de una copa y un poema al que servir. Se estremece el alma con la impostura erótica de un Diógenes triste, languidecido en su hez, pero por allí llega la salvadora de los perros vociferando su trashumancia y su licor de absenta. Está atada a un collar y a una correa de bastardos que orinan hasch en el letrero de "Mira bien lo que soy". ¿Volverás a mi para malversar la ebriedad de las noches? ¿Regresarás como un animal domesticado para el amor? ¿Acaso no sé callar y otorgar cuando apesto a muerte?

2 comentarios:

  1. Espectacular! Me ha encantado. Triste e irreverente, lleno de patetismo, en mi opinión, pero bellísimo.
    Enhorabuena.

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    1. Si la belleza es triste e irreverente lo sublime juega a la imperfección.

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