Me gustaría apostillar una mínima parte de tus hermosas palabras, de tu grandiosa erudición. No todo está perdido, aun reconociendo en la exégesis de tu dictado una voluntad de transgredir las dificultades a través de un principio reparador. Déjame decirte que todo está ganado, que hemos ganado el cielo de antemano a pesar de todos los pesares.

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