Somos eternos, pero no se puede vivir demasiado tiempo en la perversión de un absoluto. Por eso hemos recreado la muerte, en mundos disolutos y artificiales.
Solo desde Dios se puede negar a Dios.
Solo desde la formalidad se transgrede el orden.
Solo desde la emancipación se entiende el cautiverio.
Solo desde el idealismo se traicionan los principios.
Quiero que me lleves en tus brazos y me arrulles, que me beses y resoples con tus labios en mis mejillas. Que me atuses el pelo con saliva y me leas un cuento para niños (uno de hadas bobas y elfos precoces). Nos reiremos de los hombres alcantarilla, mierda de perro en los zapatos, que tropiezan con tu nalgada. Cuando lleguemos a casa, tengo ganas de que me quites las babuchas y metértela toda, como un trapecista haciendo un doble mortal.
Algunas damas tienen un rostro tan hermoso que solo pueden ser superficiales.
Nos hemos acostumbrado tanto a la abundancia que donde vemos el cielo ya no contemplamos estrellas, y donde añoramos paraísos invocamos los límites.
El amor es un canto celestial con vello inguinal, una rasura entre un valle de cerezos.
Todas las edades estaban equivocadas, desde que el más perfecto diseño frotó unos leños en el neolítico para hacer hogueras y el alma desamparada se sintió desnuda.
Imagina un intelecto artificial en taparrabos, un ordenador cuántico descuartizando cerdos, una programación exacerbada junto a las cabras; ojos de pasión en los desiertos, ahogados por la mecánica de la ironía. 

Etiquetas