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Dime algo que me hiera, que me obligue, sólo deseo volar bajo tus alas y amanecer lejos. Átame a tu inconformismo, a tu voluntad, a tu ingravidez, aunque mi alma sea inconsistencia para tu placidez y enferma deriva para tu corazón. ¡Nunca cambies, amor! Quiero la dicha de abrazarme a tu pecho: allí, las aves son libres de merecer un cielo y tienen por toda respuesta su dicha.

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