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La llamada late en la dura piedra
y se proyecta libre por el viento.
El vuelo pierde el norte de la roca
y cae en mil celadas, que le atan.

Julito Chés


Hay aves que vuelan y raramente se posan en lo amado, otras se elevan para precipitarse y descansar bajo las formas de una extinción. El deseo fragmentado se convierte en historias circunstanciales y el verdadero amor une las piezas rotas para hacer un collage de piel, con el beso áureo y ninguna esperanza que perder. La llamada no es sentirse volar sin horizontes sino el horizonte del vuelo, sin el verso aéreo ni la azul techumbre reclamando los despojos. Dios no juega en ningún poema, únicamente a la perdición.

2 comentarios:

  1. En un océano de palabras, lenguaje inmenso, pescamos unas pocas para nuestros poemas. Resulta muy ocurrente que tú las devuelvas al mar y vuelvan a ser olas entre procelosa prosa indescifrable.

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    1. No creo que haya nada indescifrable ni proceloso, más bien venimos a insinuar lo mismo con diferentes palabras, ni siquiera la interpretación contradice la originalidad de tu texto. Pero es cierto que somos pescadores (ahora nos dedicamos a hurtar peces en mar ajeno, lenguaje inmenso, y parece gustarnos el oficio).

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