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Así pase la mayor parte del tiempo en la soledad de los pianos (no hay ninguna melodía a la que aferrarse o la nota es tan etérea que es imposible seguir el ritmo del compás). Hoy me siento errabundo, abofeteado por los péndulos. Te sienta bien la distancia, mejor que a muchos marineros el astrolabio. Sin el astro y sin el labio nada es una milla de oro para mí.

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