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¿Qué terrible maledicencia se atreve a malversar la inocencia y a envenenar el latido? No se le puede decir que no a la epiglotis de un columpio, a esa dama despótica de lechos calientes, pero ahora se hace imperioso regresar a la inocencia y a la noble abstracción.
El acto es grandioso mas echo en falta la comicidad de los Eternos, porque de existir algo tan sublime, tan perfecto, necesitaríamos la carcajada y la languidez de una sonrisa.



Que terrible maledicencia atrévese a malversar a inocencia e a envelenar o latexo? Non se lle pode dicir que non á epiglote dunha randeeira, a esa dama despótica de leitos quentes, pero agora fai-se imperioso regresar á inocencia e a nobre abstracción.
O acto é grandioso mais boto a faltar a comicidade dos Eternos, porque de existir algo tan sublime, tan perfecto, necesitariamos a gargallada e a languidez dun sorriso.

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