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Dame el aburrimiento de unos ojos para jugar a la nada, una pelvis aburrida, un trasero desgarbado, decaído, dispuesto a la manutención del tacto y a escribir en su tracto la mentira del embarazo.
Dame un cielo circunstancial, la penitencia de amarte, un día plomizo y la lluvia arrodillando amantes, perla de tus partes... Me entrego a tu desnudez infame, al constipado, al plagio, a la mermelada de tu tarro.
Dame el aburrimiento de lo humano, la indiferencia, el sopor desprendiéndose del párpado, el desprecio de los divinos ocupados; porque el amor, tarde o temprano, regresa como la fiebre al apestado.

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