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Fausto

Podrías haber sido cerrajero, pero sabes que en el fondo ella le entregaría las llaves a cualquier amante...
Nunca he sentido a Fausto un ser huraño, más bien un amador de eternidades (claro está que la eternidad siempre ha deseado ser violada por su poema). Fausto es tan trasparente como el Rey desnudo que se creía vestido y que todos alagaban por su porte, sólo que a él no le importa mostrar sus encantos y que lo alaben en su pundonor.
La ternura se marcha y persiste un veneno, si pudiésemos comer crisantemos, ingeriríamos también la vileza.
Todo es una farsa: la democracia es la farsa de la libertad de elección, el amor es la farsa del afecto y nosotros somos acólitos del engaño.

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