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Sería muy triste que dos fueran el peso necesario para el hundimiento; cuando uno solo, con su propia inercia, puede sacar las narices a flote para seguir respirando.
Tampoco creo que valgan los rescates en ese trámite si el uno pretende la elevación y el otro pretende la perdición, pero el amor arrastra piedras imposibles con maderos y palancas.

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