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Historia de ¡oh!

Con los ojos de lavar retinas y los ojos de "por fin me ha dejado",  un pestañeo inocente y fugaz para que le den por Germanía. Una sutil afirmación: eres la más hermosa de las putas elevada al cuadrado de la generosidad. Con los lápices de colores entre los dientes rotos, le sacas punta, amor, a un  crayón.
¡Labios de celofán! Miraquelindo y Mercedes conjuntaron sus astrolabios en sus miraquecosas, y él le hizo una promesa, ¿le hizo una promesa? Le prometió que lo único que quería era llevarse el pastelito de su boca a la cama, del café al cielo, y enterrarle la conífera -un Dios con cabeza de perro- mientras le vendía una enciclopedia.
La tosca Ana señaló con la punta del dedo a un dinosaurio italiano, que rozó con los genitales el alisio de su aliento. Todos caemos como sacos de estiércol en el umbral de la carne; pero, cuando el grifo del bidé dice "basta", sabes que jamás regresarán a tu lado los días de lluvia y vendedores ambulantes.

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