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Adiós al hotel de los poetas

En el hotel de los poetas se debería hacer algo más que poetizar (es una sugerencia). Comprendo ese amor de Szymborska, amable y relajante como una mecedora. ¡Oh, Ajmátova! La muerte siempre tiene un rostro conocido y muchas formas de persuasión. Antes de nacer tampoco recordamos estar en ningún lugar concreto, pero hay algunos que intuyen otros tiempos y otras vidas.
Si pensamos constantemente en nuestro seguro final es porque hay algo que ya no nos ata al cercano presente. La anestesia no da miedo, terrible es vivir y padecer el dolor de las tragedias. Los valientes no evitan las tumbas, las encuentran confortables y apacibles cuando tropiezan con ellas. Vivimos inconscientes de esa última aceptación, hasta que la aceptación nos nombra y reclama; después, es evidente, somos bienvenidos.

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