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HISTORIA DE OH 

 






Con los ojos de lavar retinas y las lágrimas de dejarlo,  un pestañeo  fugaz para que le den por Germania. Eres la más indecente de las prostitutas elevada al cuadrado de la perdición. Con lápices de colores entre los dientes, le sacas punta, amor, a un  crayón.
¡Labios de celofán azul! Miraquelindo y Mercedes juntaron sus astrolabios en sus miraquecosas, y él le hizo una promesa (¿le hizo una promesa?). Le prometió que lo único que quería era llevarse la delicadeza de su boca a la alcoba, del vicio al cielo hasta enterrarle la conífera -un Dios con cabeza de sabueso- mientras le vendía una enciclopedia.
La tosca Ana señaló con la punta del dedo a un dinosaurio italiano que rozó con los genitales el aliso de su denuedo. Todos caemos fagocitados como sacos de estiércol en el umbral de la carne; pero, cuando el grifo del bidé dice basta, sabes que jamás regresarán a tu lado los días de lluvia y vendedores ambulantes.

Cos ollos de lavar retinas e as bágoas de deixa-lo, un pestanexo fugaz para que lle dean por Xermania. Es a máis indecente das prostitutas elevada ao cadrado da perdición. Con lapis de cores entre os dentes, sacas-lle punta, amor, a un crayón.
¡Beizos de celofán azul! Miraquelindo e Mercedes xuntaron os seus astrolabios nos seus miraquecousas, e el fixo-lle unha promesa (fixo-lle unha promesa?). Prometeu-lle que o único que quería era levar a delicadeza da súa boca á alcoba, do vicio ao ceo até enterrar-lle a conífera -un Deus con cabeza de sabuxo- mentres lle vendía unha enciclopedia.
A tosca Ana sinalou coa punta do dedo a un dinosauro italiano que rozou cos xenitais o aliso da súa afouteza. Todos caemos fagocitados como sacos de esterco no limiar da carne; pero, cando a billa do bidé di basta, sabes que xamais regresarán á túa beira os días de choiva e vendedores ambulantes.

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