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Estoy buscando una mujer, no un badulaque de la puta literatura. Recoge tus bártulos, tu ropa sucia, tu hedor a hembra... Necesito una mujer sin su palabrería y su jactancia.
Un dios osado no quiere un verso delicado, únicamente se conforma con la piel.
Díscolo capricho de  apariencia despeinada, tú no eres bella pero tampoco eres banal, te debes a una lealtad que desentierra caracolas. ¿Qué ruta marca tu manicomio? ¿Qué cartas marinas te harán naufragar? Naufragas ya, sin saberlo, en las misivas de tus desaparecidos.  Amas el poema y maldices su orfandad.

6 comentarios:

  1. "Estoy buscando una mujer, no un badulaque de la puta literatura" eso que escribes es machista y retrógrado... "oh busco una mujer" ¿acaso crees que el género es algo? hay millones de mujeres y de hombres en la tierra, decir, estoy buscando un hombre, no es muy diferente de decir estoy buscando un orangután... me parece que tu problema es precisamente ese... y acabas dando a entender que lo que buscas lo encontrarás sólo es un prostíbulo

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    1. Es sólo parte de un poema, en el próximo intentaré desmerecer absolutamente lo masculino, feminista y retrógrado hasta el asco de los huesos y la degeneración de las especies. Precisamente, una hembra de orangután que no escriba poesía, un animal al que le apetezca la compañía de otro animal sin que medie un alfabeto.

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  2. "Allí, el alma se anega sin oposición ni deseo." Uf...

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    1. De entre toda la cochambre de mis letras..., tú siempre te distingues, recogiendo en una bolsa de plástico, aquello que aún es loable salvar.

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  3. Busco una mujer que no escriba la puta poesía y voy a conquistarla con versos
    Creo que quien busca no encuentra
    y quien deja de buscar es encontrado.

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    1. La conquista de un verso no hace sangre, la sangre se demora, después, en las claudicaciones. Los versos solo son capaces de conquistar la usura de una apariencia. Al "poeta" hay que despojarlo de los versos, desabastecerlo de su retórica presunción para llegar a algo parecido a una felación sin ornamento. Sobre los encuentros..., mejor, tropezar con las manos en los bolsillos y caerse de morros en una relación inesperada.

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