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Esta dama que no tiene nombre y me parece que tampoco debe tener imagen, es irreverente como tú, pero entre ambos hay química y eso conforma una pareja ideal. Ella sabe lo que tú sientes, lo que tú deseas, en eso es más astuta, pero tú eres el que maneja la fricción. Me gusta su figura, le da candidez al ritual. ¿No notas que se está entregando sin pedirte nada a cambio?, ¿la vas a dejar con las ganas? La mujer insolente has de bañarla con copas de ponche para que traduzca sus emociones. Y si así no lo ves claro, cierra la puerta para que ella aprenda a abrirla.



La dama no tiene desperdicio, como tu comentario. No hay nada irreverente en el amor canalla, en el amor que araña, en el amor que hiede. No sé si podemos traducir este pasaje erótico-festivo al común de los orgasmos -lágrimas negras de Compay Segundo-, pero en este caso los dulces amantes se compenetran sin disfunciones. Creo que el filtro de ella lo siente todo, lo sustancia todo y lo reivindica todo. Al hombre sólo le resta desprenderse y fingir que maneja la "ficción". Si bien, él se da a cambio; ella, en cambio, no recibe nada (los dos necesitan un urgente recambio). Las ansias de amor no pertenecen a este mundo, más bien a otro tipo de humanidad. Jean, no hay ponche que soporte ese baño de cordura y a él se aferran todas las compuertas. Un verdadero hombre la descerrajaría, y, ya saciada, ocultaría las llaves en un lugar recóndito para que nunca más pudiera acceder a ese placer.

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