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Nos echábamos de menos como payasos orejudos que se ríen las bromas; pero, he aquí que la broma nos desmaquilló los ojos. Una mujer que se reafirma en sus convicciones sólo puede convencernos de sus peregrinas pasiones, pues no tendría sentido ampararse en doctrinas, costumbres, libertades o dogmas, para amar.
Viejo payaso de nariz hinchada y sonrisa estúpida, no te atrevas a llorar las cuitas sino a sonreír con una mueca abrasiva y enorme: cuando observes la cara de tu amada no podrás dejar de carcajearte.

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