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¿Cuándo el dolor empieza a ser más que dolor? ¿Cuándo la pena más que pena? ¿Pones tu fe en mí y siempre dudas de tu fe?
Amas a tus vagabundos y perdidos pero todos te observan con sarcasmo e ironía, lo he visto en la cara de esos mendicantes sucios que aproximas a tus senos como crucificados. Sólo piensan en tu culo y el libre mercado de tus nalgas, tomarte entre cartones y desperdicios.
Yo no soy más galán que un pordiosero, aunque me vista de snob deseo yacer entre tus bragas y que Teresa de Calcuta, y la Pasionaria, me hagan una mamada.
Estoy pensando en convertirme en un paria de la tierra, o un obrero sindicado al crimen del anarquismo, para que me limpies con tus negras trenzas la mandrágora y la biblia. 
Nunca te lo he dicho pero te amo, y sé que mis ácidas palabras te hieren en el ano (nunca he hollado una flor más prieta ni otra flor ha querido ser de mis manos con tanta avidez). 
Estoy con la leña y cada leño es un poema. Mi perra me lame los nudillos, los codos, y soy feliz. Pienso en ti, Diosa de los desarrapados, haciéndote el amor en el Vaticano (te follo mientras Miguel Ángel le pinta un rictus al Papa). 

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