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No sabemos si ha quedado polvo de estrella en el ajuar de la Diosa. La Diosa quiere pasear su belleza, ser piropeada por los necios y penetrada por los hijos del azar. Los dados se mueven hacia su fortuna. Dime, ¿qué ves en mi tirada? Dime, ¿qué ventura no regresa a su mano? Incluso carente de significado podía comprobar lo que aguardaban los dedos de los dedos, antes que el destino retuviera el cielo en las apuestas.
Nada mensurable en un corazón sin excusas. Nada tangible de mi geometría en su boca. Nada amable de las migas de pan y el camino.
Si eres la despensa del mundo por qué sufrir hambre y ulceraciones; y, por ecuanimidad, ¿por qué guardar arcones y cucarachas al amparo de los rateros si el vacío es la certeza de la llave? 

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