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¿Debo sacudir las termitas del nido? Yo quería que la reina dichosa pusiera sus huevos y sus larvas en la carcoma, sólo así el afecto yergue sus torres y el ámbar de los mosquitos queda atrapado en las edades.
Busco una pureza que malverse la pureza, un atractivo sin atractivo, la belleza injuriada... Soy como la lengua del felino que traga las heces de su camada y con ternura devuelve felación y placer. 
Serás amada por la mentira de los maquis y la benemérita te fusilará impropiamente. Sangre de paredón que los perros lamen de la bala, tus pistolas desean la jauría.
Vuelvo a pensar en el anochecer que calafetea el alma de los pisapapeles. Tú, que escribes una librería de exorcismos, quita a este fantasma de tu diario. 

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