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SABANA IN BLUE

                            DE MI ALMA







FLAMENCO

Entre taconeos y toque de palmas
suena la guitarra.
Cuerdas de oro y plata
De fuego y sangre mora
Su alma llora
Entre taconeos y toque de palmas
Su rota voz canta
Inquieta mozuela
De sangre gitana
Y alma de niño
Entre taconeos y toque de palmas
Llora una, guitarra.




No hay poetas,
solo poesía.
Poemas de nadie
que la inmensidad
nos dicta.

No somos nada,
tan solo esclavos
sumisos esclavos
de la poesía.




Blancos muros de mi celda,
fríos hierros,
dulces horas,
llorad conmigo ahora,
porque yo quiero llorar.




CANTO DE DESESPERACION

Nada hay más triste que no sentir
los propios sentimientos.

Estar vacío,
como la nada que lo ocupa todo.


Quiero amar,
pero amar no puedo.
Llorar,
y llorar no logro.
Quiero gritar muy fuerte
para que todos me oigan,
pero mi rota voz se pierde en la inmensidad
del silencio.

Extiendo mi mano,
pero al otro lado
no hay nadie.




APOCALIPTICO

Recoge las lágrimas de todos los que sufren,
haz con ellas un collar
y cuélgatelo al cuello.

Al final de los tiempos
las lágrimas tornarán hierro
para forjar los grilletes de los torturadores.




Fue un amor bello y breve,
como una mariposa,
que habiendo brotado de la cristalina cascada
de mi fantasía
cayó inocentemente en las fauces
de una realidad
cada vez más incomprensible.

fue un amor punzante y lozano
como una rosa,
que nacido entre suspiros
pereció
en la vorágine del llanto.

Fue un amor tan corto y hondo
que sus Huellas de la arena
jamás podrá borrar el tiempo,
ni soterrar la marea,
ni confundir el viento.

Fue un amor deseado
a gritos
de agonía.

Un amor,
que buscaba
otra mano con la suya
como un naufrago perdido.

Un amor
como la llama de una vela,
que habiéndola consumido toda
se apaga.

¿Peno qué sería yo si ese amor
nunca, hubiese existido?




Sobre la balaustrada del jardín
colgante
caen gotas de ansiedad.

Del mismo modo
que la profecía
se esparce
y germina

Sobre la inquieta frente
del caminante
viaja la utopía
con sus sandalias de cuero y polvo.

Sobre la hoja blanca
se congregan
insulsos versos
expirados de la nada
y el vacío.

Como la clandestinidad,
como aire frío,
como la mar opaca y transparente,
como el no hablar,
el no vivir,
el casi no ser.
Momentos de respiro y desvarío.

La porcelana quiebra en mis entrañas
el desorbitado ojo que me mira
y me saluda.

El no existir
y el estar vivo
a veces se entrecruzan
y se besan.

Como la estival noche,
sin rocío
sin rumores
calma y tibia
que no existe...




Signos ininteligibles danzan en mi frente,
colores fuertes, mareantes, embriagadores..

La noche no me enamora
ni me dices cosas bellas,

Las cuartillas , blancas, no navegan,
no galopan sobre el viento,
como polen,
las retiene el firmamento como suyas,
grandes nubes de hojalata.

¡Petulante verso de aguado amanecer!
¡Detente!,¡Vade retro!


No me oye. Ya no es mío.
Se apodera de mi cuerpo y de mi mente
No me suelta.
Me secuestra, y me retiene
entre sus brazos, fria amante.


¡Vorsa maldita!, ¡Hija de nadie!
¿Por qué a mí?'
¿Por qué no a otro?
¡Vete!,¡Vete!, ¡Vete!




Así se va la vida, fugazmente,
como una colilla apagada en un esgarro
como el aliento de un amanecer
embriagado en la amargura.

Así se va la vida, con sigilo,
como la renuente existencia
del sibarita,
dando palos de ciego,
bocanadas de moribundo,
arcadas de vomitante,
esencia de diversión, rota y vana.

Así se nos va la vida
apagando a pisotones las magnolias
que florecen en nosotros.
sandalias de caminante
solitarias,
ondas de la mar serena
que dibuja el cormorán
al sumergirse.

Sólo las praderas se dan cuenta,
tan solo las peñas
esculpidas
por el viento.
Nada más que la brisa subrepticia
que embriaga con caricias la mañana...

El manto surrealista
que cobija
el museo del Creador
nos avisa,
día a día,
noche a noche,

de lo absurdo
de nuestra existencia.




Este es el poema soñado de una noche,
una noche en soledad
y sinrazón ahogada.
Porque esa noche yo vi al cielo
cuando no tenía estrellas.

Porque yo entré en el vientre de una nube
y vi.

Porque vi segundos correteando
alrededor de una escoba,
persiguiendo grotescamente
a feroces horas,
salvajes años,
despiadadas vidas,

Porque vi farolas haciendo el amor
en las esquinas.

Yo vi.

También vi muerte.

Muerte dulce y muerte estéril.

Muerte fúnebre y anónima.

Yo vi como el que más,
a un tigre galopar en una hormiga.

Yo Vi...
nada .

Este es un poema alucinado, artificial, sincero.
Poema desierto.
Sinrazón callada,
y soledad.
Soledad rotunda.

Me cantó una lámpara,
y su canto,
casi eterno
me calentó el oído.

Y una noche gris profunda.

Y una ola.

Yo vi tanto a mi alrededor,
vi tanto...
tan solo arena.




Perdí un poema inmenso,
que por más lento fue más profundo,
aunque la personalidad
también se haya, evadido.

SI, fue un poema que la mar
y una hoja rociada
retuvieron
por maldito,

Perdí un hijo,
un momento.

Perdí una jungla por soñar
y por estar viendo.

Perdí un segundo,
una neurona de vida.

El mar se ríe de mí, mi único testigo.

Me arrodillo.

Me incorporo
y abandono la posición fetal.
Hay farolas moco de manzana.
Hay rocas que se aman en la noche.
hay rocas que desembarcan tiempo.
Pero también están los segundos correteando,
esta vez alrededor de una pota caliente.
Mi pota.
Oliendo a mi.

Hoy encontré dos prosas de nadie.
nadie se va a alegrar
porque nadie me las pidió.

Ya no habrá más espacios en blanco por el ciclón.
Sólo habrá rocas sedentarias pisando arena.




Mi oído ve por primera vez y no oye.
Ve colores y siluetas.
Mi oído se deslumbra de sonido,
pero ahora puedo verles la cara.

Por su tacto unos me abrasan,
otros me hielan,
otros en cambio me besan la mano.

Una mano que escribe más lenta que la cabeza,
lo cuál no quiere decir que la cabeza
piense rápido.

¡Fíjate!
La gente se ríe de esa letra que no es mía.
¡Mamá! ¡Ríñeles!

Un coche tose en mi oído
y lo mancha
con un agua sucia
y polvorienta.

Acabo de descubrir la diferencia
entre poesía y subconsciente.

Las almas entran en nubes de luz,
como yo,
peor cazados,
cazados por el mejor cazador,
el tigre,
el héroe,
yo.

El hórreo se asoma y se esconde
y me arroja imágenes.
Ahora me arroja una letra de mi infancia
que hoy vendí.

El bolígrafo protesta,
espero que soporte mi ebriedad
y no censure mi brazo.

Las arenas solitarias
saltan y vocean a mi alrededor
soterrando mi cuerpo
y plantándome mortaja.

¡CHUFF!
Hace el horchata al derramarse en mí.

Hoy vi al clandestino gato que habita,
en el comercio desde hace unos cien años.
¿Será descendiente de sultán o de morito?
¿0 será acaso su alma?




Los coches me aburren,
sólo saben hablar de humo.

Las rocas me engullen en una cueva gigante,
y yo sigo dándole placer a Iñigo.

Raúl medita ausente,
casto y puro mirada
breve.

Mañana descubriré este eco deforme y de voz rota.

Una página voló como más vacía que antes...
pero más pisoteada.

El descifrador de letras me entenderá
y me pagará una birra,
o eso espero.
Saludos.

El barco da un bandazo
y se rompen los videos que había grabado.
El barco hace agua.
Me hundo...

Me despierto.
Estoy en la playa.
¡He sobrevivido!
como los demás.

Recojo la almohada y se la doy de pasto a las conchas.

Mi brazo lanza un chillido agudo,
y el cuaderno, temeroso
huye de mis manos.

El bolígrafo intermite un mensaje de padre:
Vete, déjalo ya,
antes que la mar te guiñe un ojo
y te retenga.

Que difícil es el camino recto
cuando no se siguen las baldosas rojas,
y aún así se hace pesado el andar.

Mi meo va rebosando de fértil lluvia,
los tejados,
como agua de oro,
como un surtidor que mana
de la fuente de la verdad.

Un punky entra en la nube y se lía un canuto,
se lo ofrece a un esqueleto,
un hippie le rompe la boca,
y le hace el amor
con una flor en el culo.




Tres sombras de gris parduzco me recuerdan
que tengo hambre.
Yo los mato con un gesto,
sin pluma siquiera.

Mis zapatos toman zumo de mis pies
y eructan en público,
como gente vulgar.

Mis pies no me aman,
no pueden siquiera verme a la cara.
Quizás porque nunca los haya besado.

Un árbol tiene por frutó una luz,
y sin embargo
nunca, más caro el vaso de agua.

Si mis piernas accedieran a llevarme a donde mi estómago quiere
podría devorar a alguien,
y no es ético matar
por gula.
Pero no es por gula, Señor,
es por hambre.

Me pondrán un fusil en la mano
y me obligarán a dispararle
a mi pluma.

Me pondrán un casco
y me ordenarán arrojarme al abismo.

Quizás lo haga.
Soy humano.

Dos sombras se preguntan qué escribo.
Me miran.
Me observan.
Me controlan.
No se puede escribir en la ciudad,
está prohibido.
¿Acaso no ves los carteles?
Mira:
SE PROHIBE ESCRIBIR EN LA CIUDAD .
SE PROHIBE TERMINANTEMENTE
ESCRIBIR EN LA CALLE BAJO PENA DE MUERTE,
A LO REOS SE LES QUEMARA PUBLICAMENTE
EN LA HOGUERA DE LOS MARTIRES.

rengo hambre.
Paso por el escaparate de un restaurante.
Pienso en la posibilidad del crimen.
Quisiera matar la ética
en un arrebato de locura.
Quisiera matar la ética,
quisiera sólo cordura.




Bromas de otra generación 
tras el humo de una pipa,
puestas en boca de ignorantes.
Las gaviotas y los búhos hacen el amor,
y yo me quemo
bajo la llama de mi sombra,
una sombra abrasadora

Y solitaria.

Me abraza la nada
Quiere seducirme.
No me vendo.
Soy puta de un sólo hombre; el vacío,
y nuestro hijo: el vómito
sacará de tus entrañas
hasta lo que no tienes.

Si estoy loco.
Lo notas en mis ojos bañados en sangre, ¿no?

Ahora la mano es tan rápida como el coco.
Hacemos carreras.
Pero.....espera,
esto no se lo podré leer a nadie,
descubrirían mi ebriedad.

Si alguna vez dije:
Léeme para aprender a amarme,
ahora digo:
Léeme para compadecerte de mí,

Si supiera cuánto la necesito.
Cuantas caricias se llevó la brisa
en un odioso gesto de egoísmo.
Si ella supiera cuánto necesite que se enamore de mi,
si lo supiera...
me amaría.

Soy un ser débil y desamparado
en un nido de víboras.

Mi letra me fascina cada vez más,
y como fluye,
sin brusquedad,
sin pausa,
con diplomacia,

Y la soga del ahorcado
proyecta su sombra
en el camino.

Y los buitres mercaderes nos saludan
con la sonrisa hipócrita
de los que buscan algo.
Y una sotana.
Y una percha.
Y una serpiente en un orinal.
Y dientes como dunas.
Y lenguas como cadáveres.




Como corazones absortos y empapados.
Como el mismo mar teñido en sangre.
Como tú y como yo
y todos los que meamos de pie.

Si las paredes fuesen más gruesas
podríamos oír su corazoncito.

Una mano curtida por el mar
me enseña el camino.
Mi mano de señorito le hace gestos obscenos
que se pierden en la niebla.

La barca dada la vuelta se hunde.
La barca al hundirse hizo espuma.
Esa espuma eran restos de conciencia
que la mar trae a los oídos
lenta, lentamente,
muy lentamente....

Los ojos se abren al abismo eterno
de la noche.




Bajo la lluvia ácida florecen
sus jardines
de bellas flores artificiales.

Acaban con un ser y le rinden homenaje.
Erigen cientos de estatuas,
monumentos,
placas,
cubiertos de sangre y almas.

Sobre la helada estepa un ejército de muertos
se prepara,
Llevan banderas e insignias.
Tocan trompas y clarines.
Redoblan tambores de guerra
y sucumben
ante su propia revolución.

En el aire ya no hay lágrimas
ni áureos amaneceres tibios.
Tan sólo sudor sangre.

El bastón de mando
se hunde en el pantano
despidiendo burbujas rubíes.

El ocaso ya no es ocaso, sino muerte.
Pesimismo reprimido,
llanto amargo e incontrolado.

La luna ya no es tal luna,
es satélite,
o misil errante al viento.

El viento ya no es viento.
Son los helados suspiros
de la que en un tiempo fue llamada

HUMANIDAD




necias pisadas encrespan mi alma,
me debilitan,
hacen que mis ojos cierren
y de ellos brote su esencia.

Recias pisadas, sones de hachas,
crujir de troncos, gritos de plantas.

Recias pisadas, de nuevo.
El fuego clama, vive, devasta,
y va royendo mis entrañas
su lengua ardiente.


El día después amanece oscuro,
lleno de polvo.
La verde fronda... sólo recuerdo,
no hay más que muere.

Pero nuestras almas
reposan en la tierra,
fuertemente,
sin saber qué hacer,
exhaustas.

Un líquido extraño lo invade todo.
¿La noche?
No es nuestra noche.
No, no lo es.

Pequeñas sombras sin cara.
trabajan afanosamente
hasta que el alba
los envuelve.
Pero ya no es nuestra alba,
no es tibia,
es ardiente y sofocante.

Las sombras suenan sus cornamentas
bajo la Luna...su Luna,
mecánica y traidora.

Reptantes monstruos defecan cieno
en nuestra t¡erra,
su tierra ahora,
de olor opaco y penetrante.

Hacen montañas.
Secuestran ríos.
Compran estrellas
y habitan entre nosotros.

Son los grandes pintores de este cuadro,
cuadro apocalíptico de la Creación.




PAISAJES MARINOS
0
EL RETORNO DE LA PAZ





LAS TIERRAS DEL CREPUSCULO

La fantasía me embriaga y me enamora
en las horas del crepúsculo.
Allí donde la razón naufraga
y se sumerge
en el mar tibio del atardecer.

En el lienzo del ocaso
se dibujan,
se transforman,
se organizan,
un ejército de seres de leyenda.

Soy capaz de imaginar
como detrás de esas formas
existe un continente nuevo,
e inexplorado,
siempre al límite,
en el horizonte,
inabarcable.

Quizás en un barco de vela.
hecho con el poema de ayer noche...
Quizás con él descubriera
lo que esconden sus bosques.
O tal vez no.

Ahora mismo,
en este instante
un barco mercante ha secuestrado el sol.
Pero no me importa.
El ocaso, no lo arrasa todo,
las tinieblas pasarán
bajo los arcos de las horas
y otro nuevo sol saldrá,
puntual,
por el mismo sitio,
a 1a misma hora,
y resbalará por el cristal
como una bola de helado,
hasta que un barco
o una gaviota
lo secuestren
de nuevo.

Ya no hay sol.
El barco lo llevó entre sus velas
a otras tierras más lejanas,
pero la mar todavía guarda sabor a él.




Ya no hay sol.
Un manto frío me envuelve en un templo
de libertad,
pero todavía hay restos de sangre
en mi cama,
trozos de luz,
su misma esencia.

El día muere.
El dios axioma se quebranta,
y la noche nos entra en sus entrañas.

Al barco secuestrador se lo tragó una ría,
donde como un camaleón
se fundió entre la bruma.
Mimetismo,
timidez,
también cobardía.

Detrás del mar está explotando algo.
No lo oigo pero puedo sentirlo
al ver el cielo salpicado de saetas .

La noche,
permisible,
deja expresarse
hasta a los más pequeños.




Otra vez juntos,
yo y la mar.

Otra velada a solas
que pasamos escondidos.
Mil parejas solitarias
nos rehuyen
y nos miran,
y se entregan a otros juegos
más profanos.

Otra vez juntos,
yo y la mar.
En un coito sin fronteras,
hasta que la mar, severa,
se diluya entre mis brazos.

Una familia de conchas,
y un estrato de pipas fosilizadas
en el seno de una roca.
Eso y la mar.
Eso y una colilla,
que también forma parte de mí.
Todo lo que poseo.

Hasta que el sol se haya ido
no miraré sus entrañas,
son de fuego,
pero oigo lo que dice,
oigo y siento su tonada,
aunque a veces no comprenda lo que quiere.

No me entregaré a sus brazos,
todavía,
hasta que el guardián se oculte
en su morada.

Me tiende un puente de estrellas
sobre sus aguas plateadas.

Alza la voz y me llama.
al agitar de sus alas,
esas sus alas saladas
que rasgan suaves el cielo.

Otra vez juntos,
yo y la mar.
sobre la piel de la almohada
rompen las olas airadas
en pos de la eternidad.





La mar,
la mar,
la mar.
Viene y se va.
Como tiempo sumergido,
como templo de silencio,
como llama trepidante,
la mar.

Letanía sin palabras ,
mansión oculta de titanes,
misterio, poema, sollozo.

La mar.
La mar.
La mar.
Viene y se va.

Ahogando sus deseos
sobre su costra diáfana,
susurrando melodías
de viento y agua,.

Reviviendo entre sus labios,
con renuente gesto,
indiferente habla,
el infinito poema épico de la creación

La mar.
La mar.
La mar.
Viene y se va.

No.
Todavía no.
No me dejes,
aún hay tiempo.
El ocaso se retrasa
y el tálamo dispuesto está.

La noche tiñe sus aguas.
Mil estrellas salpicantes.
Mil miradas naufragantes
en la mar
tibia y calmada.

Alzo los ojos.
Abro los brazos,
Esparzo mí alma,
y sueño...

Silencio tenue,
tranquilidad
sosiego,
paz...

Y otra, vez más:
La mar... La mar . . . La mar...
que viene y se va.




ENTRE SUS ALAS


El vetusto armazón cae, oscurecido por las horas,
poco a poco,
con parsimonia,
con lentitud...

Adustos destellos, rielan fugazmente
como si el tiempo fuese de hojalata
al otro lado del salado bronce.

Miles de estrellas enjauladas ajean en la noche,
Una noche sin esperanza,
una noche sin silencio,
una noche sin tinieblas.


Una gaviota blanca
mansamente
pinta la álgida brisa de porcelana

Apuntalando corazones confundidos
Bajo la llama del crepúsculo,
Reduciendo a polvo lo vivido,
Deseando que la nada se derrame

ENTRE SUS ALAS




Como la Aurora,
por entre las húmedas hierbas verdes,
bajo el tupido sombrero de copas de los árboles,
recita mansamente un venero
su cálido poema inconsolado.

Un joven manantial de vida eterna
que como hilo de plata
en el que el oro se confunde,
baja por las montañas regando
las esotéricas sombras del bosque,
con su chillona voz de bebé rebelde,
con esa lúbrica voz cautivadora
a la que sigue el rastro la vida.

Cuando el sol bese por primera vez
con casto ósculo de inocencia
su linfa serena,
la Luna se retirará
a sus aposentos,
y con ella
un ejército de lágrimas que se alejarán
galopando
por la ya menos negra estepa.

La realidad vencerá a los sueños,
y la luz a las tinieblas,
y yo volverá a ser el mismo que era.
Ya no seré yo mismo,
dueño de la noche,
velador de las latentes maravillas.

¡¡¡NO!!!

No quiero que se acabe la noche.
No quiero ver de nuevo a los esbeltos
azotadores
del silencio,
sólo quiero imaginarlos y oírlos
entre el sueño y la vigilia,
cuando todo es tan irreal
que no cuesta creerlo,
y cuando eres, en verdad

el dueño de tus sueños.







Barcia Naveira J.R.

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