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Hay tanto que sentir que todo lo posible arde de promiscuidad... Te has puesto un vestido vaporoso como un espléndido día de verano. Te queda bien, pero no has prestado atención a sus hechuras. Salvaje y libre de cualquier atadura me convence tu escritura y el desgarbado tacto de tu alma. Yo soy el imprudente que compone el talle para marcar los límites del tejido, aunque sea innecesario delimitar la belleza. Oh belleza, te amé desnuda cuando no existía nada que objetar ni nada que planchar.

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