Pace el beso en su diatriba. Un rayo entre las nubes frescas se postra sobre el almidón del cielo. Si escribir nos hiciera ricos ya habríamos olvidado todos los tesoros y todas las virtudes de la insolvente belleza. Porque somos pobres podemos permitirnos el lujo de ser paupérrimos sin obviar nunca el regalo de los Dioses: la pluma de ánsar en el tintero. En las manos del telar se apacientan los dedos, sólo pueden ser rudimentarios aquellos que han nacido para la posesión y magníficos los que nacen para ser redimidos.
  
Pace o bico na súa diatriba. Un raio entre as nubes frescas postra-se sobre o amidón do ceo. Se escribir incrementara a nosa riqueza xa teríamos esquecido todos os tesouros e todas as virtudes da insolvente fermosura. Porque somos pobres podemos permitir-nos o luxo de ser paupérrimos sen obviar nunca o agasallo dos Deuses: a pluma de ganso no tinteiro. Nas mans do tear apacentan-se os dedos, só poden ser rudimentarios aqueles que naceron para a posesión e magníficos os que nacen para ser redimidos.

4 comentarios:

  1. ¿Y qué es la riqueza sino esa constante atadura que nos impide distanciarnos de nosotros mismos para vernos desde fuera?, ¿qué es el rayo sino un destino fatal?. Yo no he sido más pobre por haber aprendido a andar ni más rico por haber sabido discernir entre un vaso de vino y un billete de 500 euros, ¿dónde estaba pues mi riqueza?. Ese toque trascendental me indica que te estás haciendo mayorr

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    1. Entonces, de alguna manera debemos regresar a la niñez porque los adultos observan el mundo desde obviedades absolutas y los niños desde verdades absolutorias. Tu comentario es evidente y recalca el germen del poema. El rayo es un destino fatal pero un destino que, en todo caso, nos pertenece. No he querido implementar esa visión de fatalidad, más bien intuir una luz que se aposenta con calidez sobre la piedra. La riqueza está en lo que somos, plenamente desnudos de convencionalismos y radicalmente sujetos al intervalo del latido.

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  2. Nos dejamos llevar por "etiquetas", las necesitamos, nos apoyamos en ellas, al igual que las etiquetas de un blog. Un niño es más absoluto que el hombre. El principio de tu poema me descoloca un poco, escribir no nos hace ricos o pobres, sino que nos enseña a observar el germen de la vida: la elegancia de los ricos está en su poder, la elegancia de los pobres está más en su alrededor. A mí me pertenece la vida y es la única que quiero que me crea merecedor de ella: no quiero etiquetas que confundan el camino

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    1. La elegancia del rico es tener a muchos pobres a su alrededor... Pero es cierto, escribir no tiene nada que ver con la conciencia de clase ni con la capacidad económica.

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