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Tengo que regresar con aquella camarera a la que no le di propina pero le juré amor (claro que ella me prometió bajarse las bragas si alguna vez estaba sobrio). Sólo un cuello de botella para llegar a tu estrella (me gusta esa clase de cerveza). Con la retranca de tus ojos y mi retorcido alfabeto, jugaremos a batallas en secreto. Nunca sé cuándo una mirada dice la verdad, ni cuándo una palabra miente; e incluso, haciendo el amor, te preguntaría si te has confundido de amante. ¿Qué hacer si te despiertas al lado de otra piel y finges conocerla?
Tengo que regresar con aquella camarera que me ofrecía un canapé con el café. Era sumamente reiterativa y puede que mi indigencia le agradara.

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