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Necesito el alma humana, aquello que los dioses postergaron y se negaron a dirimir, lejana a la invariable y adulterada sensualidad de la materia. Si nos referimos a una mujer, es aquello que ella misma desconoce de su esencia. No es la personalidad, el carácter, la distinción o el proselitismo de la belleza, es aquel presente relegado a lo exiguo: el paraíso que despierta por la voluntad de desentrañar tesoros.

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