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Me confundí de virgen anarquista y de cielo republicano. Te habría ofrecido la solemnidad de mi alzacuellos para que hicieras un exorcismo con todas mis iglesias. Yo no soy tu perdición ni tu enajenación (eso es lo que puedes reprocharme). ¿Desde cuándo la infamia vive en los garajes, los sótanos y los trasteros?

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