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El Hacedor no repudia a sus animales por animales, simplemente deja vivir y mantiene el veredicto de muerte sobre sus criaturas. Algo está cambiando en cuanto a la esencia. El perro sin correa ha mordido las bayas y ha orinado en la base del arbusto. Dejará de ser perro para convertirse en otra clase de vida, diferente a cualquier otra raza, y disputará su procedencia a los mismos ángeles. Al Dios sedente le toca sobreponerse y dirimir si los ladridos deben ser convocados ante concilio. La prefectura de los cielos nos habla con enigmas y nos condena al ostracismo. Habrá observado esto tantas veces, civilización tras civilización, que le tiene sin cuidado ver como se estremece la pieza y su convulsa sustancia agoniza. Algo se mueve en los círculos de piedra, un precavido peregrinar hacia la sangre. Ya nadie se acuerda de los sacrificios solares, todo el mundo reclama el báculo y la entronización para sí. En la putrefacción de los días la sordera horada los timbres gastados. Los Dioses invidentes tornarán acompañados por sus terribles lazarillos y ya nadie podrá apartar de su semblanza el día del advenimiento. 

O Facedor non repudia aos seus animais por animais, simplemente deixa vivir e mantén o veredicto de morte sobre as súas criaturas. Algo está a cambiar a prol da esencia. O can sen correa trabou as bagas e ouriñou na base do arbusto. Deixará de ser can para converter-se noutra clase de vida, diferente a calquera outra raza, e disputará a súa procedencia aos mesmos anxos. Ao Deus sedente toca-lle sobrepoñer-se e dirimir se os ladridos deben ser convocados ante concilio. A prefectura dos ceos fala-nos con enigmas, condenando-nos ao ostracismo. Observaría isto tantas veces, civilización tras civilización, que lle ten sen coidado ver como se estremece a peza e a súa convulsa substancia agoniza. Algo se move nos círculos de pedra, un precavido peregrinar cara ao sangue. Xa ninguén acorda dos sacrificios solares, todo o mundo reclama o báculo e a entronización para si. Na putrefacción dos días a xordeira fura os timbres gastados. Os Deuses invidentes tornarán acompañados polos seus terribles guieiros e xa ninguén poderá apartar do seu rostro o día da achega.

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