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Si todo es una taberna y un teatro por qué llorar las despedidas. Si las lágrimas son convencionales y la tristeza es banal por qué ese abandono innecesario.
Si lo que humedece el alma se encuentra por doquier en cualquier alma, el amor es una festividad sin fin, una bacanal continua de pasiones; pero si, después de todo, lo que permanece es la herida, ¿cuál es la equivocación de la herida y su tragedia? ¿Cuándo te acuestas con un hombre buscas el dadaísmo espiritual, algo parecido a un alma y un cielo, o un tonto clown y una veleta? Una letanía absurda para la inconveniencia de amar las falsas historias que acaban en poemas.

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