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Diálogos con Aitor

-Nadie verá la mañana del día siguiente al último.

-Confiemos en el amanecer espiritual del último día...

-Habrá un último día (¿caerá en jueves, tal vez en lunes...?, ¿de qué mes?, ¿de qué año?). Habrá un amanecer, una claridad, una mañana que nuestros ojos YA no verán. Habrá un no-despertar. Habrá un no-levantarte, un no-ducharte, un no-desayunar...

-Un no-vivir.

-Llegaremos tarde a alguna cita inexcusable y se llenarán los buzones de cartas vacías. El frío banquero no querrá pagarnos al portador. Alguna mujer agradecerá el cumplido de no soportar jamás nuestra presencia. Las jambas se arquearán por el peso de de los dioses que aposentan el trasero en las boardillas. Se apagarán las frescas risas de los niños. Se carcajearán los vecinos de nuestra semblanza. Los cogollos tiernos serán para aquellos que se atrevan a aderezar el alma con vinagres de Módena.
En mi media vida, bacín de pordiosero debajo de la alcoba, no se oirá de nuevo el canto de los grillos. Si estar muerto es no despertar, yo siempre he sido un sonámbulo. Si estar muerto es no levantarse, a mí siempre se me han pegado las sábanas. Si estar muerto es no ducharse, aquí tenéis la confirmación de la mugre. No desayunar, no follar, está al alcance de cualquier mediocre existencia. Espero no ir al trabajo el lunes, me fastidiaría tener que fichar después del deceso. ¿Cómo será amanecer en otros ojos y regresar del cansancio e infortunio al juego estival de las auroras?

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