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Para Elisa, Para Javier...

No quiero mil parabienes, ni cielos magníficos, ni bragas de oro que se humedezcan con zafias palabras, deseo lo detestable en la retina, el despropósito que contiene y da forma al desprecio -balsa de Aznalcóllar con la que aprenderemos a desbordarnos y a ensuciar paraísos-.
¿Qué decir de ti ahora, cómo nombrarte, si barres lo impuro que se acerca a besarte, el único pensamiento que pretendía sanarte a base de dolor, la única crítica en un mar de congratulaciones, aquélla que debías salvaguardar de tu censura? ¿Dime, compañero poeta, con qué voz se debe pronunciar lo inadecuado si al hablar nos cercenan la lengua?

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