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En alta mar un ballenero de Melville zahería las luces de la providencia con la cualidad de los hombres atados a un intrépido destino. El canto de los cetáceos sonaba atroz bajo las cuadernas, cáscara de nuez en medio de la nada. Del firmamento, a no poca distancia, arreciaban in conmensurables carcajadas divinas que como una magnífica tempestad fueron barriendo la cubierta. Por fin los cielos se calmaron y Dios cesó en su risotada, se volvió de entre la inmensidad para contemplar junto a su amada tetera, el delicado equilibrio de un mínimo gesto en el corazón de una infusión.

 
En alta mar, un baleeiro de Melville fería as luces da providencia coa calidade dos homes atados a un intrépido destino. O canto dos cetáceos soaba atroz baixo as cadernas, casca de noz no medio da nada. Do firmamento, a non pouca distancia, medraban inconmensurables gargalladas divinas que como unha magnífica tempestade foron varrendo a cuberta. Por fin os ceos acougaron e Deus cesou no seu rir, tornou de entre a inmensidade para contemplar xunto á súa amada teteira, o delicado equilibrio dun mínimo xesto no corazón dunha infusión.

2 comentarios:

  1. Ya decía yo que siempre tengo calor... claro, una puta infusión es lo que me envuelve...

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  2. En los pequeños detalles está la grandeza. ¡un té frío, por favor!

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