Archivos del blog

Una doncella en un remanso de agua es como un terrón de azúcar diluyéndose en una taza de té. El nadador censuraba a la prudente muchacha mientras se asía a una baliza circunstancial, a unos cuantos largos de su cruda belleza. El marinero satirizaba, a media milla de la costa, el estilo del bañista y su falta de atrevimiento. En alta mar, un ballenero de Melville zahería las luces de la providencia y la cualidad de todos los hombres atados a un intrépido destino. El canto de los cetáceos sonaba atroz bajo las cuadernas, cáscara de nuez en medio de la nada. Del firmamento, a poca distancia del navío, se escuchaban carcajadas divinas, que, como una magnífica tempestad fueron barriendo los vómitos de la cubierta. Por fin los cielos se calmaron sobre los insensatos y Dios cesó en su risotada, se volvió de entre la inmensidad para contemplar junto a su amada tetera, el delicado equilibrio de un mínimo gesto en el corazón de una infusión.

2 comentarios:

  1. Ya decía yo que siempre tengo calor... claro, una puta infusión es lo que me envuelve...

    ResponderEliminar
  2. En los pequeños detalles está la grandeza. ¡un té frío, por favor!

    ResponderEliminar