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Prosa y árnica


El mundo se refleja como un escenario de marionetas rotas. El poder investido de madera labrada y a las puertas del miedo, llena los días blancos de soledad y alienación. Los escritos e imágenes, las músicas idénticas, no son alhajas. Son culto de un diablo que no mata el tiempo. Allí la llamada se siente irresistible y el vuelo inalcanzable.
La noche siempre llega y explica serena las obscuras canciones. Era negado tres veces todo arrepentimiento hasta oír la tercera canción negra y verdadera. Más tarde la caprichosa vejez anuncia ojos en blanco y pisotea barro y merengue.


 ¿Qué hacer con nuestro tiempo si el diablo no interviene en nuestros asuntos? Morimos si no nos entregamos completamente a la maldad y a los demonios. El negado tres veces hizo de su amor un templo, beneficio y despojo de la estrella...
¡Oigamos el gospel de las ratas y el blues de la intercesión, negro es el camino que conduce a los campos de algodón!
La vejez siempre es caprichosa, pisotea y farfulla su demencia, desdentada para el oprobio y la negación.
El arte es cíclico y la poesía acrecienta la belleza de un busto femenino. Observa cómo respira el maligno a través de los senos que arden en voluptuosidades; allí, la creciente pasión quiere abastecerse de iniquidades más que de dignidad.

 
Líbrenos el azar de cometer iniquidades. Del resto es usted muy libre.
  
 
La iniquidad nos busca y nos libera con su bien. ¿Desmerece un cielo de mujer una maldad de amor?

 
El objetivo sea la equidad. Si cometemos injusticias que sea por debilidad pero no por voluntad de ser inicuos.

 
Todo deseo es equitativo con su consecución, pero la equidad puede ser comparada con el mal de no acometer y resguardarse. Justo es ser amados por la debilidad y fortalecidos por su intención.

 
 Y de la prosa alienada.

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