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¿Qué harás cuando el poema no pueda saciarte? ¿Qué harás en el convencimiento de las horas? Dame la farsa del buen amar y el buen morir, pues estamos solos y los dioses no se fijan en nosotros. Entré en un sueño que por profundo no lo era. Los sueños crecen en la vigilia como espectros. Había felicidad en sus ojos y ternura en su entrega mientras tu sonrisa se apagaba hasta la mueca del Hades, hasta que el poema se corrió de rímel y el carmín pintó un espantapájaros en tus facciones. El sueño me dijo: sólo hay verdad en lo innombrable y en un animal dispuesto a morir, también los fantasmas tienen corazón aunque su noche no convenza a las estrellas.
Del aire inaprensible, alguna vez se posa algo entre los dedos que está dispuesto a delinquirnos. Cuando el tiempo apresure su indigencia quiero una caracola de Alicia y no una cagada de roedor.
Alicia salió a mear su nube de asfalto, a insultar a los rostros de los transeúntes  y a borrar las lineas de las carreteras. Algo de hollín y basura debió ver en mí que le agrado, y algún hombre debió ver en ella lo que se ve en los pájaros: lo inútil de una mirada no puede herir.
El primer altar fue una losa de martirio y el hombre se abrazó a esa roca. ¿Cuántos cuerpos necesitarás para comprender que el amor no llegará, que la nave que parte no regresará y que el alma mundana puede abatirse?
Llueve pesadamente sobre los castaños y las brevas se abren cuajadas de rocío. Ven a acostarte, amor, ahora que la pesadez de los árboles nos desnuda y una conciencia deseable nos incita a vivir; lo demás es humo y ceniza.

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