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Para Xavier

No quiero mil parabienes, ni cielos magníficos, ni bragas de oro que se humedezcan con zafias palabras, deseo lo detestable, el despropósito que contiene y da forma al barro -balsa de Aznalcóllar con la que aprenderemos a ensuciar paraísos-.
¿Qué decir de ti ahora, cómo nombrarte, si barres lo impuro que se acerca a besarte, el único pensamiento que pretendía sanarte, la única crítica en un mar de congratulaciones, aquélla que debías salvaguardar de tu censura? ¿Dime, compañero poeta, con qué voz se debe pronunciar lo inadecuado si al hablar nos cercenan la lengua?

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