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Después de una borrachera de existencia, beber de la fuente de la vida es como hartarse de vino en las bodas de Caná y acostarse con el novio. 
La guerra, la barbarie, la desesperanza, es simple literatura de amanuenses; y la creación, en tus manos, nunca ha sido un arma de civismo ni de antagonismo. 
La vida no es decorativa, es subsidiaria de todo lo invisible. La muerte es una puerta a los lugares comunes del alma, sobrevenida transparencia, calma de peces bajo las aguas.
¡Oh, Dios, estoy por morrearte como Jim Carrey, lactando de tus pezones y adoptando la infinita negritud de tus hijos!

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