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No entiendo por qué las mujeres no aman la objetividad del primate. Tal vez consideren que hay otra clase de humanidad cuyos calzoncillos hieden a colonia e inocencia.
Me siento identificado con el amor simiesco. ¿De qué sirve un homínido que no huele mal y que ni siquiera se acuesta con una mujer para follarla, besarla o babear su inmundicia? Detrás de la animalidad también hay un alma. La verdad es que compadezco a esos animales que quieren acostarse con un Dios.

2 comentarios:

  1. Si pudieramos simplificarlo todo.
    Seguramente no estaría yo aquí
    escribiendo esto.
    Me hubiese quedado en primate quitándole piojos a mi querido simio

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    1. Nos debemos a la primigenia y ancestral poesía antiparasitaria. Aunque los simios hayan aprendido a escribir poemas, en el fondo amamos la destreza de las manos y la simplicidad con que la boca arranca la cabeza de las liendres. Realmente, si acometemos el verso es porque aspiramos a un buen acicalamiento y a devolver la cortesía.

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