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Alfalfa

No negocies tus desmanes, no pactes ni moldees sus argumentos, para qué pulir las aristas o dilatar las venas. ¿Es posible que llegues a observarte en el espejo social y amar a los otros, muriéndote de placer por la trashumancia de sus criaturas?
Le crecen risas a las estrellas: siempre es lo tomas o lo dejas, el fuego hasta quemarse las manos.
Caga en tu propiedad, tala un árbol. Eres una pieza de carne asistida por mercaderes que harán encomio de tu carnicería. Ya no puedes ofender a nadie con tus lealtades y tu necesidad de palabras, nunca estarás para quien te reclame. 
Eres el fantasma del jarrón y la flor que ha padecido como sombra. Ni un escalofrío en la equidad del horizonte, ninguna otra vida para delinquir o compartir una posibilidad. 
Promiscuo territorio, ¿a quién defraudarás con tu sangre? Con una piedra de matar pájaros, la tierra se somete al sudor y es mejor follar el cielo que correrse en los ribetes de una falda carmesí. 
No me compenses con el consolador de los requiebros, en algún momento tu autobús querrá que alguien lo tome, y desearás llegar, y parar, y ofrecerte, y abrirle las puertas para habitar algún reflejo. Será lo que él quiera y estarás de acuerdo con su peinado. Entonces, me acordaré de las ranas estrábicas y del colutorio de tus dientes...
Si los amores de estepa no consuelan el espanto de tus noches aún puedes gozar con el vómito de un lirio.

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