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Tal vez debiéramos conocernos por aquello de las invasiones y el frío. Cambiar de piel como mudan los ofidios por el capricho del latido. Pensé que un quejido era suficiente para llegar a Centroeuropa, una borrachera de placer, un orgasmo de éter, pero acabamos en Alepo con una canción de Papa Roach en la mochila.

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