ESCRITOS


1/12/18

Adán copuló con todos los animales, mas ninguno logró satisfacerle. Jugando al despiste se afanaba en bestias imposibles, pero ni siquiera le agradaron los delfines. Habría que preguntar a la animalidad entera si el hombre estaba a la altura de aquella gesta. Las posturas del kamasutra parecían decentes, incluso con plantígrados y peces. No sabemos si a algún reptil se le arrugo el ceño o se le descoyuntó la mueca, si algún hipopótamo sintió cosquillas en las ingles (muy inglés), o el chochín ahueco las plumas pensando en una lombriz. Luego acaeció Lilith, la gran meretriz, la sombra más oscura, la luz más ardiente, ocaso de sangre en el azimut, a declararse libre y proscrita, adúltera y sin dominios; lampiña e hirsuta al mismo tiempo, come moscas y cascanueces, come rabos y come semen, portentosa criatura. Por allí pasó Samael y, cuando se acostó con él, los demonios se escaparon del psiquiátrico (el Hedén).
Después crearon a Eva, complaciente y obediente, condescendiente y obtusa, para el gran sátrapa zoofílico de la biblia. La dicha de éste halló la conformidad y el pecado al lado de sus agrias maneras, mamando de sus dulces manzanas, pero la felicidad no puede durar siempre como eternidad o sierpe. El ofidio, que había pasado por su lecho, sintió celos de la mujer pues le agradaba más un pene que un alfiler. Así del paraíso fueron echados los polvos y erradicadas las fornicaciones; desde aquella parir se asemeja a zaherir, amar a herir y doler a saber.

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