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-¡Hola! ¿Qué desea?

-Un café y una lectura.

-¿La prensa?

-Ciertamente. Repaso entre lineas las noticias y me centro en el horóscopo y la sección cultural, pero realmente vengo aquí porque quiero acostarme contigo, me seduce tu belleza y esa forma sutil de humillar la mirada.

-Me parece que es usted muy directo, casi como una declaración de amor sin amor, o un caballero sin los principios básicos de la cortesía.

-Es normal que recele de mi conducta. Verdaderamente no soy un buen lector pero puedo pasar de la superficialidad al sibaritismo.

-Cada día tengo que lidiar  con advenedizos y no me dejo persuadir por salmodia o propina.

-Señorita, ¿le desagrado, le parezco repulsivo?

-Creo que se comporta como uno de esos timoratos parapetados en una barra queriendo propasarse con la camarera.

-Si piensa así, mil excusas... Mi vida social y sentimental está en su cafetera. Mi vida laboral se reduce a entrar en su cafetería. Mi dicha y satisfacción es la necesidad de una servidumbre.

-No me equivocaba. Desde esta distancia puedo distinguir a los pedantes de los hombres, usted es una manifestación extraña de circunspección, a mitad de camino entre un borracho y un clérigo.

-Hablemos de otra cosa. ¿Le agrada la prosa? ¿Es usted de prosaicas inclinaciones o de románticas intenciones?

-Me consuela todo lo que empieza mal y acaba bien, mejor que lo que empieza bien y acaba mal. Las lágrimas de los amantes son el mejor afrodisíaco, en esos momentos no me importaría tener a un ebrio poeta para recalar en la tristeza.

-Ahora soy yo el compungido de su melancolía...

-¿Sabe?, trabajo y estoy aburrida de servir consumiciones todo el día. Hago como si usted no existiera cuando viene a deleitarse con el periódico. Reconozco, por la forma de remover el café, que es bueno persuadiendo con la cucharilla y las migas del postre. Le acoso con mi indiferencia y pocas veces me mantengo fija a la altura de su rectitud. Lo que realmente quiero es acostarme contigo, me seduce tu fealdad y esa forma sutil de humillar la mirada.

6 comentarios:

  1. Jamás he tenido un diálogo semejante con un camarero en un bar.

    Pero el cuento no acabó tan mal.

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    1. Sería complicado tener un diálogo así, e interesante si tal circunstancia ocurriera.
      Es lo que no nos atrevemos a decir lo que ciertamente explica el mejor argumento.
      ¿Se volvieron las tornas en su contra, o acabó todo bien como deben acabar las historias?

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    2. Acabó todo bien, como deben acabar las historias, para no defraudar al público.

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    3. Sólo espero que no se defrauden en privado...

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    4. Sería mucho mejor para el final definitivo.

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