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CAMINO VIEJO

CAMINO VIEJO









Un incendio


¡Alerta! Humo en el bosque.
Humo entre los verdes pañales de un monte.
Gallego. ¡Es fuego!-gritan.
Es fuego. El gran señor del manto rojo
se levanta amenazante.
Y nace arrasador,
sepultador y carnicero.
Ese cruel destino de Galicia
amenaza tempestuoso su destrucción.
El paisaje se rompe.
El campo deja su expresionismo a un lado
porque muere.
Galicia pierde un hijo.
Ella le cuida.
Ella le baña.
Y ahora la abandona.
¡Ayúdame! Aún podemos evitarlo.
¡Agua! ¡Sólo un cubo!
Un riego del corazón que surge.
Galicia muere.
Su gigantesco manto verde
va dejando de existir.
Galicia pierde su campo.
Galicia se va y yo
me voy con ella.

- 1981 -


No llores, perla

No llores, perla.
El ocaso no arrasa todo;
el tiempo
engendrará una madrugada
con más amor y felicidad que hoy.
El ocaso pasará
bajo los arcos de las horas
y la Aurora seguirá al Crepúsculo.
La noche irá muriendo
en un pozo seco
y el sol volverá a aparecer.
El gallo cantará la mañana,
el nacimiento del día
otra vez.
Y la sonrisa regresará de nuevo a tus labios,
a florecer los jardines
del sentimiento.
¡No llores ya!, porque las lágrimas
manchan tu cara
y no dejan ver
la blancura de tus pestañas,
la llenan de surcos.
Tus ojos pierden la alegría
de ver otro amanecer,
y amanecerá!.
Y el brillo que reflejan
muere.
Mi amor agoniza en las alas
de las águilas rosas que pasan
por las ventanas abiertas.
¡No llores más!, porque
no eres la misma,
me pareces extraña
porque
mi alma quiere vivir.

- 1982 -


Tormenta sobre una ciénaga


A la muerte de mi tío...

Pelos revueltos semejantes a un huracán sobre el vacío
que como una marea templando su sueño en una playa de rocas agrietadas
juega con el bramido de las nubes a ser fugaz y libre.
Hierba inundada tibiamente con un rayo de fuego,
el fantasma de la noche asustó la perla del mediodía
y se alborota y brinca... y llora.

Frente rugosa acalorada con el vacío indiferente del alma
que tambaleante pide un paraíso colmado de nítidos lirios
hacia un horizonte cuajado de pequeños peces de trébol.
Ladera temblorosa alrededor de una acuarela vacilante
que retrocede sus azules puños de locura
y se alborota y brinca...y llora.

Dos troncos acarician la suave brisa de la luna roja
como duendecillos de mármol labrando la inmensidad de un océano
para retornar a su guarida repleta de sollozos penetrantes.
Muro incandescente perforando la voz de un grito;
un grito que taladrando el silencio retumbante
busca un resquicio de costa que redacte un eco.

Turbulentas ánimas de medianoche merodean los sombríos parajes del olvido,
sombras soñolientas rasgan el velo límpido de las estrellas,
borrascas ahogadas blanqueando la hoja de un páramo.
Labios secos agotan cercos de contornos arqueados,
partículas de brasa que en un precipicio desmantelan el rasguño de una pendiente
y se ríen ante la sólida escarcha de un espejismo.

-1982-




Libre, como las aves

Decid de mí lo que queráis.
Yo soy como soy, porque así no soy un proyecto
de nadie ni el reflejo de un hombre
fracasado.
Soy así porque mi corazón
me mueve a ser así. No quiero ser
lo que los demás quieren que sea.
Ya sé que no invento nada nuevo,
que todo está descubierto.
Pero sé también
que si la vida me impulsara
a crear un nuevo camino
que pudiesen seguir otros luego,
os ganaría, pues mi mente
está llena de secretos
que vosotros no conocéis.
No quiero ser vuestro emblema
porque soy libre.
Libre, para volar.

-1985-


Místicamente

Latiendo en cada naufragio
a punto de disolverse en el mar,
sin miedo, sin desilusión, sin
haber conocido la traición.
Un suspiro, un aliento invisible
existente en cada realidad.
El místico entorno de una tradición olvidada
todavía musita tu nombre.
No quiere que desaparezcas de su presencia;
cogerte, estrecharte en sus brazos,
quiere llevarte en alma con ella.
Aquellos silencios entregados por tus manos al vacío
volverán
para agradecerte el haberles enseñado la soledad.
Y tú, secreta e íntimamente,
seguirás latiendo en cada obra.

-1985-


Cerremos los ojos

Cerremos los ojos
los dos a la vez.
Debe haber un mundo reservado
para los que cierran los ojos juntos,
para los que sueñan.
Debe haber un mundo
donde nos encontremos para siempre.
Cerremos los ojos,
imaginémonos,
hablemos a solas.
Quiero soñar lo que fuiste,
lo que eres.
Quiero soñar
porque soñando sé que aún estás viva

-1985-





No estamos solos, soledad

No estamos solos, soledad.
Mátame
o rómpete, pero quiebra
este lazo. Uno de los dos pasará,
a mí me toca sufrir,
a ti no porque tú no tienes cuerpo
ni ojos
ni boca,
tu corazón es de hielo:
suave por dentro, frío por fuera…
para quien no te conoce.
Mátame, soledad, que nuestro amor
no ha de morir. Yo seré fiel
allí donde te encuentre. Soledad,
aunque no respire,
aunque llegue llorando,
rómpeme, el sufrimiento me desgarra
por dentro. Uno de los dos ha de morir,
que sea yo, que no debo
seguir aquí
si no encuentro aquella paz
que sostuvo mi infancia.

-1988-


Llamadme a mí culpable de todo

Llamadme a mí culpable de todo
si queréis: de la guerra,
porque no la supe detener a tiempo, de las luchas,
porque nunca tuve el valor suficiente
y me escapé;
del odio.
Llamadme culpable,
llamadme reo de muerte,
¿qué más da? Pero acabad pronto,
no dejéis que me enamore de la vida otra vez
o que alguien
se cruce en mi camino.
No dejéis que vuelva la vista, porque me perderé
una vez más
en la belleza del paisaje
y ya nadie podrá robármela.
Llamadme reo,
llamadme carne escrita sobre las brasas
de una hoguera cualquiera,
quizás porque de vez en cuando me llamo poeta
me gusta el día que cambia.
Pero hacedlo pronto, porque también puedo
enamorarme de las llamas que colocáis a mi alrededor.
Y encuentre la última paz del mundo.

-1988-


Camino viejo

Cuántas veces me he sentido como tú,
camino viejo y medio olvidado
ahora que todos se han ido ya.
Cuántas veces en el silencio de las sombras
me ha parecido caminar sobre ti
y soñar sobre ti, ¡cuántas!.
Pero ahora ya no importa,
camino añejo.
Ahora otros ocuparon tu caminar tranquilo
y no quedan ya aquellos detalles tan hermosos.
Ahora ya no importa,
tú has empezado a irte,
yo nunca sabré empezar a olvidarte,
pero sí a morir.

-1988-


Juventud gloriosa,
serena, juventud de pocas palabras.
Juventud aún no vivida
ni madura, el mejor fruto
del árbol es que te conservo, con tus papeles,
con tus aromas. Juventud de largas tardes
bajo el sol que nos ungía
mientras esperabas en aquel balcón.
Juventud
de unos días: de tres, de cuatro...
hoy es lo único que tienes,
hoy te conocen por el diminuto nombre
que se debate sobre la pizarra:
adolescencia.

-1989-


¿Te acuerdas cuando jugábamos
y decíamos que de mayores
nos íbamos a casar? ¿Te acuerdas
cuando éramos niños
sobre el sillón
de tu casa? Pues yo me lo creía.
Si, en el fondo
era tan bonito
estar allí. Yo me decía que era cierto
nuestro sentimiento joven
y puro, pero ya no era tan niño
y tú sí.
¿Te acuerdas? Sería bonito
que un día se hiciese realidad
y nos buscase
otra vez.
Aquel niño
y aquella niña. Tú y yo.
Pero el mundo se interpuso.

-1989-




Sólo tenía quince años
y se dejó abrazar por otros cuerpos, pero sus manos
eran blandas
y de un color como de nieve.
Ocultó su mirada de amanecer
en un mundo tan extraño
y se estremeció abrazando sus vestidos.
Y se sintió bañada de otros mundos
y de otros dioses, bañada por dentro, rejuvenecida
una vez más.
Aún el tiempo se ocultaba tras su mente, ella
siguió,
quería salir de tanta rutina.
Su mirada era serena
la última vez que me miró. Y ya no sé dónde estará.

-1989-


Terminó para mí su vida
en cuanto otros labios
arrojaron su espíritu por el vacío
de los mundos. Fluirá ahora
el recuerdo de otro tiempo, pero yo no lo oiré
porque hay algo que no conozco
todavía.

Terminó con su vida, terminó con la mía, ahora
ya no sabe
a dónde ir. Fluirá un ser nuevo
en el cuerpo virgen de las entrañas
que nadie osó descubrir.

-1989-


A veces
cuando la noche es una forma de olvidar
y tú quisieras
seguir siendo noche
para el mundo. No me importa,
nada importa ya, seamos noche
los dos, tu dulzura
se ha hundido tanto en mí
que ya no sé ser como era
antes. Hagamos de la noche
nuestra casa,
sea la noche una palabra
como el canto de libertad
que hay en la mente. Porque necesitamos olvidar
otra vez,
¡ayúdame!
¡Salvemos la luz que aún existe!

-1989-


Un día más
el mundo separado de dos cuerpos que se sueñan en la distancia
permanece inmóvil. Se desean, pero sufren
poco a poco, desgarrando los segundos. Un día más
ya no se encuentran palabras
que aplaquen tanto odio. Ya ni se miran, serpentean las sábanas
con el aire,
nunca habían sostenido un cuerpo tan candente
como el que ahora humedece sus manos
sin respuesta. Un viento tan abrasador como el vacío
se introduce por sus vestidos de algodón
que aún conservan
el silencio inusitado de otros labios.
Un día más
el mundo separado de dos cuerpos que se olvidan
penetra en la habitación dolorosa
y callada.
Golpes deslucidos por la sombra
de una vida que jamás conocieron.
Mienten cuando se miran,
cuando se hablan.
Dos cuerpos que fingen estremecerse
están deshabitados.
Y es el silencio que no conoce las horas del reloj.
Es el mundo separado de dos cuerpos que se sueñan en la distancia.
Pero se dan cuenta
que ya se hizo tarde para soñar.

-1990-


Hoy he tocado a una mujer
por vez primera y su cuerpo se hizo aire
porque era aire.
Hoy he deseado más
que lo que mis ojos podían encontrar en el mundo y eso
me daba fuerzas
aunque nadie pudiera sentir lo que yo sentía
ni lo que
amaba. Hoy
descubrí en el fondo de mi alma un nombre
que me llevaba a ella,
siempre había sido así: el beso de mis labios,
el fuego
de mi mundo. Hoy he soñado
porque soñando descubrí
que está el mundo más limpio
de sombras.
He pensado en ti

-1990-


Te amo
porque sé que no existes.
porque tendría miedo de ti si existieras
como le tengo miedo a todo
lo que roza mis manos
y me hace sentir vivo
un poco más.
Te amo
porque eres tú quien despierta en mis noches en vela
y me da paz,
te amaré siempre si así lo quieres
y así lo has soñado.
El tiempo
y el no tiempo, la distancia no existe,
la soledad es una.
Todo
entre tú y yo.

-1990-


Un pedazo de papel
fue testigo de esta historia
revivida.
Mi mujer el tiempo, mi hijo
el escorpión
de mi mente. Aprendí a conocer,
aprendí a hablar,
me enseñaron lo que es la libertad
del ser humano.
Después de todo.

-1990-


Éramos dos
pero parecíamos uno. Nos conocíamos tanto
que el mundo no nos podría vencer
jamás. Luchábamos
cuando el mundo ya se había apagado
y veíamos cada amanecer que nacía el día
desde nuestra ventana abierta,
desnuda, éramos dos,
dos mundos, dos universos. Nos conocíamos tanto
que cada uno había surcado el lecho
del otro
como de sí mismo.

-1990-


Ojalá
nunca olvides el nombre sagrado de las cosas
ni renuncies a él
por sentirte inmune al cuerpo
que te obliga. Ojalá cuando tengas que partir en tu camino
se junten las sendas
que en tu soledad se irguieron
y te cautivaron. Ojalá!, sólo pido
que seas valiente y humana
y divina en el nombre
que ha engendrado tus deseos. No renuncies
a tu sencillez,
a esa vida que llevas en tus entrañas.

-1990-


Naciste alejada de todo
con la fortuna de tu alma,
unos labios de marfil. Naciste
embriagada de tierra
en el lugar más profundo del universo,
como una estrella
quizás. Porque naciste brillando y en tu brillo
estaba la fe
y el dolor, pero tú no lo sabías,
no lo comprendías
aún.
Más tarde lo supiste. Cuando el cielo
se hizo esmeralda y la fuerza de sus rayos
llegó a ti.
Entonces supiste comprender. Habías nacido
vestida de futuro
y de bien y habías conocido el mundo, tal vez
sea un mundo tuyo y nuestro.

-1990-


Cuando tu luz es inmortal

Cuando la luz es inmortal
y tu cuerpo se vuelve blanco
y el manto de las nubes
resplandece en los abismos.
Destruyes la mirada incierta de la duda
y te haces alma de luz…
luz inmortal.

-1990-


Me arrimé a tu vientre
para decirte lo que sentía porque era
lo más verdadero que había en ti.
Me arrimé a tu vientre para oír el suave arrullo
de la adolescencia
y escuché el fruto de tu vida.
Entonces dibujé un beso sobre tu piel
clara
y sentí las caricias de un espíritu
que me daba calor. Un escalofrío recorrió mi cuerpo
Comprendí que para siempre debíamos estar juntos
porque un rayo de luz había salvado nuestras vidas.

-1990-



             
 Jose Ángel Carbajal Abal




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