Tienes una hélice en el escroto y un timón en el ano. Te llaman timonel, te llaman fueraborda, te dicen paquebote, remero, una góndola sin amantes, Venecia para los canallas. 
Tienes oro entre las muelas y un loro en las tripas: permíteme pronunciar tu nombre con descaro, ¿no te parece cómico el lenguaje del amor?
Llegados plenamente al año mil que sigue al año mil, dice Juan de Vezelay, la humanidad conocerá un segundo nacimiento; más yo seguiré calvo y perdido en un mundo escénico. Jamás hallado, jamás buscado, jamás logrado..., como un pezón barbilampiño o un lactario plomizo.
La muerte ya no será, la vida será otra. La claridad de los cielos despejará de pompas fúnebres las nubes, y el espíritu vivo holgazaneará entre los vivos con socarronería. Oh esperanza, te yergues, te sobrepones, te recuestas, sobrevuelas, sobre el sexo de las vírgenes sin arribar nunca a la injuria, mientras el santo y el creyente se hunden en la verdad como una losa.

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