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Me encantaría por ejemplo correrme en las tetas de la Venus de Milo. Dedicarle un poema, aunque se me quedara mirando un momento y dijera, no me entero de ná. No importa, conocí a una abogada del gobierno que pensaba que Rilke era una marca de helado.
Billy


Yo lo intentaré con la Venus de Botticelli con un narcopoema de corrida urbana, charanga de mariachi y vino peleón (Rilke es un helado molón). Si quieres me convertiré en las manos de Afrodita y lo extenderé todo por su torso (el perfecto antiarrugas para el mármol heleno y un crece pelo para la Victoria de Samotracia). Al final, los hombres "punta de paraguas" como nosotros, acabaremos en los pezones de una hembra prehistórica, aplastados bajo un topónimo austriaco, jugando con cárceles de arañas y llorando rancheras de terciopelo.

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