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Fui engañado por la fórmula matemática de la velocidad, el tiempo y el espacio, cuando pose mi lascivia sobre aquel cuerpo de pleamar yaciente en la orilla. A medida que caminaba y mi funesto deseo se acrecentaba, empecé una frase que sólo logré acabar en los pechos de la ancianidad.

2 comentarios:

  1. Estaré a tu lado hasta que las yemas de tus dedos no perciban mi presencia. Entonces entenderé que ha llegado la hora de la verdad. Los pechos de una anciana saben más de la verdad que los de una dama joven. Veo que sabes rodearte de gente interesante, que aún existen playas donde da hasta placer encontrarse con las musas

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    1. Espero que la presencia se acentué con los años. No te negaré que a cualquier dama le gusta aleccionar con su sabiduría, incluso aunque los pechos sean necios te enseñan a enfocar. Nunca llego a lo interesante de la gente, sólo a la contemplación de sus protuberancias, y es una verdadera lástima no poder profundizar.

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