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Ángel González decía que escribir poesía se parece a un orgasmo; pero, lamentablemente, no todos los orgasmos se parecen al amor. 
Incluso después de tanto placer, de corrimientos dispersos sobre el lienzo de las letras, de impetuosos jadeos en los labios de las musas, la pequeña muerte ha dejado de ser plenamente satisfactoria. Amar, de ser posible, se va convirtiendo en lo extemporáneo de un poema.

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