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Las mujeres se explayan sobre la arena, separan las piernas y airean su conducta. A veces, cuando pasa un desapercibido, esos extraños animales marinos, embrutecidos por el sol y la jactancia, cierran los muslos como voraces ostras gigantes, cuyas perlas protegen de las miradas ociosas. Otras, los pólipos se extienden como lujuriosas anémonas para captar la atención de los incautos.

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